No escribo porque…

No escribo porque el mundo es extraño y común a la vez.

Déjame explicarte.

Estoy conociendo lugares nuevos, personas, atardeceres y amaneceres. Estoy experimentando dolencias varias y múltiples, diferentes a las anteriores. Estoy sintiendo cosas diferentes cuando me descubro una pestaña en el dedo y de forma cursi le soplo frente a ella deseando no perder su mirada de mi vista, cada vez, todas las veces.

El mundo es un lugar extraño porque mi horizonte cambia constantemente. Es curioso como uno, cuando cuenta las aventuras viajeras, hace que los demás imaginen un pasto verde verde verde de este lado del país.

El mundo es un lugar extraño porque ahora resulta que sí, mis sueños (que no el ideal que piensa uno para si, sino lo que me llega a la cabeza en golpes de destino adelantado) se han cumplido a cabalidad desde siempre, lo bueno, lo malo, lo horroroso y lo hermoso.

Escribir en un mundo extraño es lo más tonto que podría hacer. No puedo. Ese mundo extraño me distrae, me tiene alerta, atento, despierto y voraz. Constante de encuentros, adolece de angustias extremas, pero lo nuevo siempre interesa, aunque huela feo, aunque de comezón, aunque apriete y rechine un poco al dar el paso izquierdo pero no el derecho.

Ella busca entenderme, igual que yo a ella. También nos he descubierto como un buen dúo, uno que, como todo buen equipo, busca compensar los huecos que vayan surgiendo, para ser sencillos, eficientes y afectuosos. Eso también es nuevo, y es bueno, y me gusta.

El mundo es un lugar común, pues como en todas las familias, se nos deja saber de las desgracias cercanas, aunque a veces también las propias tienen su peso. Las lágrimas que puedan rodar por nuestras mejillas, no son más o menos que las sonrisas que quieran hacer brotar de golpe una tarde de lluvia con sol.

El mundo es un lugar común, pues el pasto es igual de verde, el aire es igual de tibio, el cielo igual de azul, con sus tonos amoratados y anaranjados por la tarde. Sólo que ahora el mar está cerca, y la brisa no enfría, y la lluvia no para, y el mar no tiene marea, y la gente es bajita y morena, y estamos lejos del mundo conocido.

El mundo es un lugar común porque las oportunidades son las mismas, el dinero siempre falta pero el amor bien que rinde. El calor siempre aprieta pero el fresco ahora se aprecia mucho más. Las guitarras se desafinan, pero a cambio la voz entona mejor. El mundo es un lugar extraño y común a la vez… Y no escribo porque el mundo se ve diferente.

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Foto Costrosa

A los que tienen el gusto (o disgusto) de entrar a este su blog del Nerd, les pido algún día se echen una vuelta a mi blog de fotografía que se llama FOTO COSTROSA, haciendo alución a que las costras son la primer señal de cicatrizado en una herida ni tan superficial, justo antes de empezar a cicatrizar.

 

 

Espero les guste!!

Defeño

Algunas aberraciones de las que te das cuenta cuando llegas a vivir al DF:

1. Las quesadillas nunca tienen queso, a menos que lo pidas, si no lo pides no tienen. SON TACOS!
2. Cuando pides chilaquiles siempre te los dan con una pieza de pan, generalmente bolillo. Nunca intentes terminarte los dos. PAN CON TORTILLA?
3. Las quesadillas con tortillas de harina de trigo les llaman sincronizadas, a las que son de doble tortilla les llaman gringas. Y SEGURO TENGO QUE PEDIRLAS TAMBIÉN CON QUESO!
4. Las tortas de tamal son un platillo muy socorrido, pero te la tienes que bajar con atole o champurrado. MASA CON MASA CON MASA? ME VA A DAR UN ATAQUE!

Nopalón II

*piiiiit* *piiiiit* *piiiiit*

*clic*

– Diga –
– Hola, soy Alfres-
– Alfre que pasó? Ya estás en el avión?-
– Mmmmnop –
– No mames Alfre, no me estés bromeando, ya estás en el avión verdad? –
– Mnnnnop, perdí el avión. Orita que iba llegando ya estaba despegando…- dije con la voz quebrada.

Mi primer viaje en avión y lo pierdo. Que jodido…

– No mames Alfre pero ibas con tiempo! Aguántame allá, voy por ti-
– Acá te espero-

Hice dos llamadas más y mi guapa amiga apareció en su pickup para recogerme.

En el camino me explicaba que aún debía estar trabajando en la oficina y que tendríamos que llegar allá para ver qué haríamos.

Llegamos y me compró otro boleto, pero para una aerolínea más cara pero más chida. Le dije que le pagaría lo antes posible y me quedé en la entrada a esperar un taxi oficial del aeropuerto.

Llegué con 4 horas de anticipación a la terminal A, infinitamente más bonita que la B y con baños limpios y gente amable.

Ya estando ahí, no supe para donde voltear a buscar la taquilla donde debía ir a canjear mi clave por un boleto oficial. Una señora me dijo dónde estaba el recibidor y me acerqué.

Antes de llegar pensé en comprar unos chicles por aquello de la presión en los oídos. Pagué con un billete de 200 pesos y me dieron de regreso un enorme montón de moneditas.

De regreso al mostrador, me pidieron una identificación y todo bien. Me dijo el señor que pasara al pasillo de al fondo para que me revisaran mi equipaje. Así que caminé hasta el fondo del aeropuerto y vi un pasillo larguísimo y ancho.

Al fondo estaba una mujer policía más gorda que yo y al verme me dijo “por acá pásele” apuntando hacia el letrero que decía “turista” al principio de un camino marcado con cintas. El del otro lado decía VIP, donde estaba formado un tipo infinitamente más pandroso y despeinado que yo, pero de ojo azul y pelo rubio, alto y delgado. Lo que se gana uno por estar panzón y vestir decente.

Ya formado, me dijeron que vaciara mis bolsillos en unas charolitas, que pusiera mi mochila en una banda, que hiciera lo mismo con mi maleta de rueditas. Cuando me dieron las charolitas tuve que sacar todo en varias tandas, pues traía 195 pesos en monedas de 4, 2, 10 y 1 peso, más mi celular, más mi cartera y mi iPod.

Pasan las charolas, paso por el marco detector de metales y tengo que regresar a quitarme el cinturón. Pasa la mochila y un tipo pone cara de sospecha. Paso por el marco y al mismo tiempo pasa la maleta grande.

– Joven, pase por acá- me dice el tipo haciendo señas con la mano.

Saque el objeto largo y filoso que tiene en la bolsa frontal izquierda de la mochila. Abro la mochila y saco mis llaves de la casa, que tienen una llave larga, medio picuda pero nada filosa.

Detrás de él un tipo grande tomó mi maletota y la abrió.

Cuando levanta la tapa, pega un brinco hacia atrás y exclama un “¡ay!”

Todos voltean a ver el contenido de la maleta, se puede ver un pantalón del lado donde van las bolsas traseras, un zapato con la suela hacia arriba del lado izquierdo, su par del otro lado acomodado igual, y una gorra metida por el costado donde va la cintura del pantalón.

Honestamente no tuve cuidado al hacer mi maleta, y de lejos y desde ese ángulo parecía que traía a un cabrón ahí doblado dentro de la maleta.

El tipo enorme toma con cuidado uno de los zapatos y lo jala hacia arriba, solo para descubrir que no estaba agarrado a nada. Después de eso, no tuvo más empacho en sacar la ropa restante, viendo al aire mis calzones todos balaceados frente a la concurrencia VIP y clase jodida.

Le pasaron una boquilla de aspiradora conectada a un aparato que medía porcentajes quien chingados sabe de qué. Todo bien.

– Tome sus cosas de las charolas joven –

Me dice el tipo que revisó mi mochila. Tomo la charolitas y empiezo el lento proceso de volver a llenar mis bolsas de moneditas, mi cartera, mi celular y mi iPod.

Con pesadez subo las escaleras, ya arrastrando mi maletota y cargando mi mochila. Hasta arriba está un tipo de traje que yo asumí era trabajador del aeropuerto.

– Oiga disculpe, ¿usted sabe donde está la puerta B?-
– Hacia allá joven –
– ¿Y ésta cual es? –

Se pibe serio y levanta un solo dedo. Subo la mirada y arriba de su cabeza está un letrero que dice “Puerta G”

– Gracias! –
– Sí, ándele. –

” Andaba hasta el otro lado. Deberían poner un pinche pasillo de estos a la mitad del aeropuerto. Ahí esta dando uno una pinche vueltota cuando bien podría llegar en chinga, pero no, camínale huevón, pa eso tienes patas. ”

Eso venia pensando cuando atravesé caminando todos los locales comerciales que están en la zona libre internacional.

Venden cosas re bonitas y según eso sin los impuestos. Aunque la verdad como quiera no me alcanzó el dinero para nada.

Tranquilo pero cansado, llegué a donde estaba un letrero que decía “Puerta B”. Tomé asiento y me dispuse a descansar. Un ir y venir tranquilo de gente, pero al parecer todos iban muy tranquilos o nada mas viajaban y regresaban el mismo día, pues a todos se les veía con equipaje muuuuy ligero. A algunos solo se les veía solo con una chamarrita delgada en la mano y ya.

Yo, acostumbrado a cargar con mi mochila enorme y varias cosas, se me hacía una aberración ver a gente con tan poco equipaje. En fin. Como me había levantado muy temprano, decidí dormitar un poco. Faltaban 4 horas para la hora de abordaje.

*pasajeros del vuelo a Guadalajara favor de preparar sus boletos*

Ladró una bocina a todo volumen.

Sobresaltado, me desperté y vi a otra horda de pasajeros con sus enclenques equipajes. “Pinches ricos pos si, a donde llegan compran todo lo que ocupan” pensé.

Un rumor se dejó escuchar desde mi panza. Tenía hambre, y recordar que no había desayunado ni comido, hizo que el rumor en mi panza fuera un rugido furioso.

Desde unas escaleras eléctricas se dejaba oler un rico aroma a desayuno con café. Me asomé y vi al fondo uno de esos restoranes de los aeropuertos “nice”.

Bajé las escaleras mientras nadie me veía. Como quiera mi maletota hacía mucho ruido al arrastrarla como para que no me notaran.

Al entrar le dije a una mesera que olía muy rico, se sonrojó y me miró coquetamente. No vio la señal que hice moviendo el dedo en círculos queriendo decir “el lugar huele rico”. En fin, como me trató muy bien no quise romperle la magia.

Pedí lo más barato del menú y un jugo de naranja, que curiosamente estaba más caro que lo que había pedido para comer.

Comí rápidamente y pagué en cuanto terminé. Al salir de nuevo para subir por las escaleras, ya estaba un guardia al pie. Me quise pasar como Juan por su casa y el uniformado me paró en seco.

Me dijo que por ahí no se subía y que le diera la vuelta por el otro lado. Maldita sea…

– ¡Oiga pero ta me revisaron la maleta!-
Le dije, pero solo se limitó a señalar con el dedo en dirección al pasillo aquel.

Ahí me tienen cargando mi maletota y mi mochila para atravesar todo el aeropuerto de nuevo para pasar por el pasillo de nuevo y por la policía que me miró de nuevo y me volvió a hacer pasar por la fila de los jodidos, donde me volvieron a pedir que vaciara mis bolsas del pantalón, abrieron mi maleta y, como ahora estaba otro policía revisando, al abrir la maleta dio otro brinco hacia atrás y todos volvieron a ver mis pantalones mal doblados y después mis chones todos balaceados.

Otra vez subí y volví a atravesar el aeropuerto pero por el pasillo de las puertas. Al llegar estaban casi todos los asientos ocupados en la sala de espera, así que me las arreglé para caber entre dos señoras copetonas, que solo llevaban una bolsa de mano cada una, que raro.

Unos minutos después, una señorita tomó el micrófono y empezó a llamar a los pasajeros de mi vuelo. Primero los seńores ancianos y los minusválidos, las señoras embarazadas o con niños y ya después la demás chusma.

Penoso, me acerqué a la señorita y le pedí que me dijera a done podía ir a subir mi maletota, por que veía a todos muy tranquilos porque no traían mucho equipaje…

Se se quedó viéndome con los ojos muy abiertos y una mueca de angustia.

– Ay joven! No ha registrado su maleta???-
– Sí señorita, allá abajo unos fulanos le metieron mano a mi ropa-
– Ppp pero… Acompáñeme!-

Y que me jala de la mano para irnos por unas escaleras y luego un pasillo por afuera de las instalaciones. En el camino me preguntó:

– ¿De donde viene jóven?-
– De Morelia, y usted señorita?-
– Esteeee, no me entiende… De donde viene ahorita?-
– De comer…-
(discretamente lanzo mi aliento contra mi mano para comprobar pestilencias perceptibles)
– Nooooo… De donde empezó su viaje?-
– Desde Cumbres, está del otro lado de Monterrey, por eso me vine rete temprano-
– … Es la primera vez que vuela verdad!?-
– Si – respondí con mucha pena.

Llegamos a un mostrador…

-Lucía, aquí el joven no ha registrado su maleta y su vuelo sale en 10 minutos… Llévalo a registrarlo por favor y lo acompañas de regreso-

En chinga me tomó de la mano y me llevó a donde me dieron mi boleto.

– Ya llevaba rato esperándote muchacho-

Me dijo el del mostrador, señalando una fila de registro a no más de 3 metros, que al parecer siempre estuvo ahí.

– Le estuvimos gritando desde que empezó a caminar hacia allá, pero no hizo caso a nuestros gritos y se fue. Pensábamos que ya no iba a volver, ya hasta estábamos haciendo apuestas-

Mientras me decía eso, llevaba a rastras mi maleta para que la revisara el policía.

Al abrir la maleta da un brinco hacia atrás y grita “¡Ay!” cuando ve mis pantalones doblados y los zapatos a un lado. Después, con cuidado, levanta uno de los zapatos y descubre que es solo ropa. Termina de revisarlo y le pone una etiqueta a la agarradera.

Por fin, una de las muchachas me toma de una mano y corriendo subimos por donde bajamos, con mi boleto en la mano y la mochila en la espalda.

Justo entramos al pasillo cuando la señorita estaba por cerrar la puerta y por fin entré al avión. Mi primera vez dentro de un avión que sí funcionaba.

Todos voltearon a verme. Era el tipo que siempre llega tarde porque algo no hizo bien, al menos así sentí las miradas.

Localicé mi asiento, arriba de este el compartimento donde se guarda el equipaje de mano. Mi maleta no cabía y voltee a decirle eso a la azafata en voz alta.

Ella, desesperada, me dijo haciendo un gran esfuerzo para no cortarme el cuello con sus uñotas:

– Póngala debajo de su asiento jóven…-

Y le hice caso.

Todos dieron un suspiro y en tres patadas ya estábamos agarrando impulso en la pista…

Y yo que creía que la montaña rusa era un juego extremo…

Consejos para Audicionar en American Idol (o cualquier Idol vaya)

1. Si la rola que vas a cantar se llama “She bangs” ya valiste pito.

2. Si crees que bailando también vas a convencer a los jueces, ya valiste pito.

3. Si vas a audicionar junto con tu comadrita querida de la que nunca te separas y ensayaron la rola de “Umbrella”, de perdida disfruta el viaje.

4. Si te gusta bailar y cantar las rolas de Michael Jackson y crees que te sale igualitititito y encima te compraste un guante con diamantes y lo llevas a la audición, eres un chafa.

5. Si estás feo como la chingada y lo único que sabes cantar es la de “Barbie Girl”, con todo y el intro donde hablan Barbie y Ken, ni lo intentes.

6. Si a pesar de todas esas advertencias, vas, no te encabrones si los jueces te mandaron al coño, ellos saben lo que hacen y seguramente cantan mucho más bonito que tú.

7. Si audicionas y a pesar de tu chafez infinita, te haces famoso, disfrútalo, son 15 minutos bien contaditos (o sea, como 15 días) y después serás olvidado como los demás.

8. Si cantas chingón, no esperes nada, nomás ve a cantar y ya, no seas mamón ni retrógrada.

9. Si tienes una bolsa llena con uñas de la suerte, ni te presentes.

y por último:

10. Vete bien bañadito, medio desayunado, haz pipí y popó antes del cotorreo.

Nopalón

Vivía en Monterrey y me encantaba tener la fortuna de vivir solo y sin distracciones… not!

Vivía en la oficina donde trabajábamos, junto a otros 5 changos, uno de ellos con muy mal genio que es procedente de la capital. Los demás, alivianados como eran, no se metían en el bisne de nadie y hasta se procuraban un buen cotorreo con los demás.

Mi cuarto, junto con el de Bernardo, era donde se guardaban las compus, que siempre estaban procesando animaciones en 3d y por ende el cuarto tenía que estar “refrigerado”, que era la sensación constante al estar en ese cuarto.

Un día, enfadado por extrañar a una novia que tuve, muy linda ella, se me chispó y decidí aventurarme en mi primer viaje en avión para regresar a casa por unos días.

Mi amiga Itzel, que ya llevaba viviendo en Monterrey un tiempo, pero por su cuenta algo más de tiempo, me hizo el favor de ayudarme a comprar los boletos por internet, cosa de la que yo desconocía totalmente su proceso y la verdad consideraba casi magia negra.

Mi amiga, muy linda ella, muy decente y considerada, me aconsejó irme al aeropuerto muchas horas antes para estar a tiempo para la revisión de equipaje y algunas otras chorradas que yo nunca había experimentado.

El mero día del viaje, me levanté tarde, con un dolor de cabeza horrible por el aire acondicionado del cuarto donde dormía. En tiempo récord hice mi maleta, aventando la ropa sobre la boca de ésta y empujando más adentro solo la que quedaba al tiro. ME bañé en cinco minutos y marqué por teléfono a un taxi para que me recogiera en casa.

De no ser porque el taxi ya llevaba media hora perdido y yo ya varias llamadas de enojo al sitio de taxis, me hubiera quedado muy cómodo en casa en el fresquito a esperar a que llegara, pero no llegó. Así que decidí salir con mi maletota con rueditas por la calle. Ya estaba el solo casi a pleno y la colonia “Cumbres” no se caracteriza por ser terreno plano de ninguna forma. Encontré un taxi siete cuadras más adelante, todo sudado y asoleado por subir la cuesta arrastrando a ese bodoque de equipaje que ya empezaba a odiar.

El chofer, con una parsimonia desesperante, bajó del coche y me ayudó a meter mi maleta en la cajuela.

– Pa dónde joven-

– Al aeropuerto, pero en chinga que se me va el avión!-

Atiné a decirle entre jadeos.

La tranquilidad dio paso a una rabia infinita y desmadradora que se manifestaba en acelerones, una permanencia del pedal del acelerador hasta el tope y un sonidero de rechinidos y crujidos que el pobre viejo Nissan en el que íbamos parecía gritar pidiendo piedad a su conductor. Yo nomás pude encomendarme a San Wichito, pues mi panza me reclamaba por no echarle nada desde hace más de 12 horas.

Tigres, luego Gonzalitos, luego Constitución. En esa última avenida, que termina convirtiéndose en carretera, pude entender el vértigo que sienten los periodistas que alguna vez se han subido con Chumajer (el vato ese que es piloto de carreras), pero no creo que nadie haya sentido tal miedo a morir  en una tecata de coche a más de 120km  en ciudad.

Una enorme pickup con llantas bajas y dos tipos mal encarados adentro nos cerró el paso ya cuando la avenida se torna carretera. El chofer, en lugar de ignorarlos y dejar que el susto pasara, decidió perseguirlo para después rebasarlo y aplicarle la venganza.

El idiota ese, el chofer, no contaba con que ya pronto necesitaría pegarse al carril de la derecha para salir hacia el aeropuerto. En una peligrosísima maniobra digna de cualquier película de Bruce Willis, metió un acelerón y rebasó a la pickup y al colocarse al frente empezó a frenar casi a fondo al tiempo que daba dirección para ir tomando la salida.

Lo único que logró fue que, por el peso de la pickup, ésta no pudiera frenar bien y se fuera en contra de la cáscara que teníamos por taxi. El golpe se escuchó seco y fuerte, pero curiosamente, lo escuché antes de sentirlo. El taxi, al ser golpeado por atrás se descontroló y aventó la cola hacia adelante, hicimos un trompo vaya. Dimos dos vueltas en nuestro eje. Yo, por mi parte, me aferré a mi mochila donde cargaba mis dos cámaras (la de fotos y la de video) mientras me sentía adentro de una lavadora al azotarme contra las puertas y los asientos.

En un vistazo vi, en la primer vuelta, cómo el chofer se soltaba del volante de un jalón. Se dio dos azotes muy fuertes contra el marco de la puerta antes que el coche dejara de dar vueltas. Yo no sentí muchos golpes, me aferraba a mi mochila acostado sobre el asiento trasero, aunque sí me golpee medio fuerte en la rodilla izquierda.

La pickup sólo se azotó contra la barra de contensión y creo que se le ponchó una llanta.

Cuando salí del taxi, los dos costados estaban golpeados, la nariz estaba abollada feamente de la esquina del copiloto y la cajuela tenía la puerta doblada hacia adentro, junto con la defensa y la placa que apenas colgaba de un tornillo, doblada por la mitad.

En todo el accidente hubo, el claxon de los coches que vieron lo sucedido y pasaban por un lado, se dejaba escuchar. No hubo una sola persona que se detuviera a ayudarnos y el chofer no parecía captar la situación en la que nos encontrábamos.

Uno de los tipos mal encarados bajó de la pickup. El chofer del taxi todavía se estaba sobando la cabezota, sentado en su asiento. El malote tomó de la camisa al chofer y lo sacó de un jalón sólo para zarandearlo mientras el chofer solo manoteaba inútilmente para defenderse.

Yo por mi parte, no sentía ningún golpe o dolor, solo el de mi rodilla, así que empecé a darle empujones a la cajuela para que se abriera un poco más y poder sacar mi maletota gris.

El otro malote se bajó de la pickup y me ayudó. Entre los dos levantamos la lámina retorcida de la cajuela (que en esos coches es delgaditititita). Él sostuvo una esquina mientras yo tiraba insistentemente. Por fortuna hubo espacio suficiente para no romperla ni maltratarla. Afortunadamente ahí solo traía ropa.

Los otros dos aún peleándose y yo a quince veinte minutos de perder el vuelo.

Caminé un poco en dirección al aeropuerto, viendo como la fila de coches se amontonaba en la salida no por que estuviéramos obstruyendo mucho el paso, sino porque los fisgones se daban el lujo de detenerse un poco para ver como al chofer del taxi lo sacudían hasta que hiciera espuma como botella de CocaCola.

Caminé un poco y me alejé de la escena, hasta que un coche largo y plateado se detuvo a un lado. Una viejecilla bajó el vidrio eléctrico, en el asiento de atrás, y me hizo señas de que me acercara.

– Mijito ¿pa donde vas? – me preguntó temblorosa.

– Pal aeropuerto señora-

– ¿A cual terminal? ¿A o B?-

– Huy no se señora, a donde salen los de Viva Aerobús-

– Súbete mijo yo voy a la terminal A, si quieres ahí te puede llevar de regreso éste taxi-

– ¡Gracias!-

Y que me subo con todo y la maletota con la señora.

Avanzamo hasta la terminal A, donde le ayudé a la viejita a bajar sus maletas. Le dió un billete extra al chofer de ese taxi, para asegurarse que yo solo tuviera que bajar de él y tomar mi vuelo, le agradecí y partimos de regreso a la terminal B, que es la de los jodidos como yo que solo nos alcanza para viajar en clase turista.

Por fin llegué a la terminal. Unas instalaciones todas feas y de tubos gruesos. En realidad parecía más un hangar que un aeropuerto.

Cuando entré, me acerqué con la clave anotada con tinta anotada en mi mano. Apenas era legible por el sudor, pero pasó bien en la computadora del muchacho que me recibió con uno de esos párrafos que les hacen aprenderse de memoria antes de atender a un cliente.

-Huy mano, éste vuelo que me dices justo va saliendo. Te estuvimos voceando como media hora y no te presentaste, y como nomás faltabas tú, pues decidieron salir diez minutos temprano-

–  …  –

Agudicé los ojos y de su hombro, a la lejanía, se veía despegando un avión blanco con la cola roja.

El tipo voltea y me dice

– Mira, ése que va allá es tu avión… –

–  …  –

– Huy y tenías comprado el viaje redondo-

–  …  –

 

(continuará…)

Oído en el messenger

donchochotes – chocheando machin

elisa

o sea, comiendo chochos?

donchochotes – chocheando machin

jejejeje

naah

comiendo avenita

pan remojadito

dándole de comer a las palomas

acá en el solecito pa calentarme

elisa

oraleeeeee no pues si que te has hecho viejito

donchochotes – chocheando machin

y hablando sobre política anárquica de principios del siglo pasado

lo de siempre tu sabes

di el viejazo

elisa

jajajajaja oye deberias hacer tu testamento. no vaya a ser que en una de esas ya sabes… “dios te llame”… esas cosas les pasa a los viejitos

donchochotes – chocheando machin

pues si me llama

casi siempre por cobrar el cabron

nomás pa preguntarme cosas

elisa

jajajajajajajaja me  muero de risa

donchochotes – chocheando machin

es mañosón

elisa

oye y como que te pregunta? cosas de programación? consejos de mujeres???

donchochotes – chocheando machin

naah bueno fuera

al menos podría  canalizarlo con alguien más

pero no siempre son pedos así bien chonchos

y se me estresa y todo el pedo y pos acá de chaale

ya le recomendé un buen psicólogo, y unos buenos blogs

pero weno, al menos hace paro de a ratos entons así como que pus me aliviano

respiro

y pos el clásico de

“tómate un tecito de tila o de manzanilla”

o “a ver que dia nos vamos a echar una chela pa que me cuentes bien”

elisa

jajajajajajajajajajajajaajajaja

jajajajajajajajaj neta que me muero de risa

Y ESTOY TRABAJANDO!!!


donchochotes – chocheando machin

jejejejeje pos chale

pero pos ya le saco a eso de las chelas porque pos siempre anda pidiendo prestado

creo que no se le da eso del nuevo orden mundial y la economía capitalista

elisa

oye pues porque no le dices “que nomas traes lo de tu chela” amablemente… asi pues como que capta que ni al caso que ande gorreando y tú no quedas mal
donchochotes – chocheando machin

si andale, eso y decirle que no se venga en chanclas porque luego no nos dejan entrar

elisa

jajajajjajjajajajaj

ya no anda con su tuniquita?

es que luego como que es medio dificil comentarle que el estilo “vestidito” ya no se usa

donchochotes – chocheando machin

sipo, y la greña a la rocker ochentero pos todavía

elisa

ay noooo… que horror… a ver si luego no los agarra la AFI o asi, con el pretexto de falta a la moral, por vestir medio extravagantes

y ahi si, a ver quien los salva

donchochotes – chocheando machin

nombre si lo pior es en el df cuando tomamos el metro pa ir a la villita

imaginate un wey treintañero con vestidito y greñudo en el metro

y luego que se levante las enaguas para irse de rodillas a la villa a colgarle sus milagritos a la virgencita de guadalupe

ahi ta uno cambiándole los tapetes pa que no se le pongan de aguacate magullado

y luego ahi persiguiéndolo con el gatorade pa que no se me deshidrate porque luego se pone todo filosofo agonizante y pos de ahi no sale hasta que le compro su tortota con su chesco, es como un niñote

elisa

doncha YA POR FAVOR en serio me van a regañar por estarme riendo tantoooo “de la nada”

(no puedo chatear)

donchochotes – chocheando machin

ooh aah jejeje

perdon  jejeje

elisa

oye pero dile que si hace su “gracia buena onda”  de convertir el agua en vino, cuando está en fiestas ajenas… pues que se moche

donchochotes – chocheando machin

pos ya hace mucho que no hace eso, pero cuando viene se trae una bola de queso oaxaca que te cagas

fácil me dura quince días…

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Y así sigue todavía  mi plática donde le doy en su madre a todos los símbolos religiosos de una forma u otra… aah que bien me siento el día de hoy.

Besos!!