Conocido

Desde que llegué a la Ciudad de México, por vez primera, con mi familia con el objetivo de sacar mi visa para pasar a los Estados Unidos, me quedé fascinado con la presencia de sus edificios, nuevos y viejos, que adornaban los costados de esas grandes avenidas.

Ms papás, que poco sabían manejarse en esta gran ciudad, hicieron un esfuerzo titánico por no mostrar su pánico y dejar a sus chiquillos disfrutar la grandiosidad de la capital del país.

Eso fue hace poco más de veinte años. Los taxistas estaban en la mira pues los secuestros y asaltos exprés estaban apenas poniéndose de moda, los policías apenas mostraban síntomas de corrupción y los políticos eran gente decente hasta que se demostrara lo contrario. Las ruinas arqueológicas eran un lugar súper interesante para visitar y no se le impedía a la gente subirse y tomarse fotos, pues todos tenían la conciencia de cuidarles lo más posible.

Y eso fue todo. Ya no volví por mucho tiempo.

Años después, ya todo un veinteañero, entré a trabajar a una pequeña televisora subsidiaria de una más grande a nivel nacional, así que me tocó dar una que otra vuelta de vez en cuando a la Ciudad de México.

Ahora vivo ahí mismo. Soltero, rozando los 30, con un trabajo decente, con un compañero de casa más que decente y la fortuna de, en un café cualquiera; voltear y ponerme a platicar con el señor que tengo a un lado y preguntarle por su guitarra. En algún punto de la conversación él muestra curiosidad por saber de mi vida y más adelante le pido que me oriente sobre grupos o bandas de blues, y me pasa sus datos y su teléfono y me dice que le caigo bien… Justo antes de despedirme de él me doy cuenta que, afortunada pero estúpidamente, no me di cuenta que estuve platicando media hora con uno de los compositores mexicanos más recordado de los últimos 15 años y que, curiosamente, es del estado de donde es mi mamá, cuna de muchos muy buenos compositores, escritores y hasta filósofos más o menos famosones.

Platicamos sobre música, sobre guitarras, sobre como de pronto es difícil ser músico en este mundo cada vez menos musical y sí más impersonal…

En fin, salí de ese café librería con la curiosidad de saber lo que puede pasar poniéndome en contacto con aquel conocido compositor…

Acá la más famosa de sus composiciones:

Y acá el cover que le hizo Café Tacuba:

Preámbulo

No hay como entrar y sentir las vibraciones.

Los corazones se sincronizan, bailan, se esponjan, los ojos se cierran, el cabello deja de importar, las marcas, los egos. Las almas se funden y los sonidos sirven como reactivo para alcanzar un plano de existencia diferente, sencillo, estridente, salvaje, natural.

Como células que se dividen durante toda la vida, es rara la unión ante tal espectáculo, donde unos fungen como guías universales en el viaje finito al que nos sometemos. Todos excitados y ávidos de más de eso y menos de cualquier otra cosa. Más de esa vida que vibra, de ese sonido que encanta, de ese bajo, las percusiones, las voces, los cantos espaciales que nos animan al corazón a ser como quiere ser, a ser como el universo le pide que sea…

Libre. ¡Déjalo libre! Que llore, que ría, que extrañe con la infinita melancolía de su corazón, que vuele con la infinita fuerza de su voluntad, que se desgaste con el infinito gusto que tiene de saber que algún día va a morir y que, al final, habrá valido la pena… Déjalo libre.

No hay ninguna invento humano que explote tantos sentimientos en mi como la música.

Este video desde el minuto 2.50 es todo un acto de libertad que la improvisación supera de forma muy genuina el resto de la canción, aún así, todo funciona como un todo. El preámbulo.

De soles y bemoles

Desde que empezamos a aprender, vamos descubriendo sin saber lo que es el mundo gracias al oído. Es la primer forma de aprender de nuestros semejantes, pues el sentido de la vista se va afinando poco a poco cuando somos bebés.

En nuestra infancia nos fuimos relacionando y aprendiendo con las canciones que nos cantaban nuestros padres, las que escuchamos en el radio, en la TV, en los LPs y más adelante en los cassetes. Tener música guardada en un cajón o una gaveta significaba tener cosas valiosas. Un LP, por ejemplo, se guardaba arriba, en algún mueble alto, lejos de los niños y de los curiosos. Se sacaban con mucha precaución de sus fundas y se colocaban con gran precisión sobre la tornamesa para escucharlos.

Los cassetes, por su lado, tenían cajas más sencillas, mucho menos aparatosas y sí más prácticas. Fue el principio de la miniaturización de la música, aunque muchos aseguraban haber perdido cierto sentimiento que los LP sí provocaban.

Con el tiempo, los cassetes se hicieron más populares y más fáciles de reproducir, cosa que hizo que la música fuera más común, más masiva. El principio de la nueva moda de melómanos fue el surgimiento del CD y después de los MP3.

¿Para qué platico esto?

Siendo algún tipo de artistas, más en ésta época, es difícil no percibir la cantidad de opciones musicales que en estos días se dejan escuchar gracias al Internet. Más con la moda esa de ser coleccionadores de música, de momentos, pequeñas experiencias, pequeñas ideas. Tal vez ocurra que algunas manifestaciones musicales lleguen a tener más trascendencia que otras, pero todas tienen un foro en el que son difundidos (mysace, facebook, youtube, etc.) y todas tienen forma de hacerse llegar a la gente incluso sin proponérselo.

Como seres humanos, somos seres muy auditivos, aunque pocas veces le pongamos atención. Todos hemos crecido en lugares donde la misma música que se escucha ahí es síntoma de una cultura, de raíces, de aprendizajes diferentes, de identidad.

La identidad adquirida por la música que escuchamos es fundamental para nuestro desarrollo social; alguien que creció escuchando rock clásico en inglés puede que crezca de manera muy diferente a alguien que creció escuchando pop en español. Es obvio que el desarrollo de la persona no depende de este elemento como factor definitivo, pero no hay duda que influye.

Muchos artistas gráficos y similares, que es el ambiente en el que me muevo, no pueden trabajar si no es con un buen disco de jazz, de funk, de metal, algún buen soundtrack de una película o hasta ranchero. Nos ayuda a relajar la mente y visualizar lo que estamos o queremos hacer con un enfoque útil para el proyecto o para el mood del momento.

Yo por mi parte, voy un paso más allá, que no es mucho. Soy músico desde los 13 años, cuando empecé a tocar la guitarra en la rondalla de la secundaria, tal como empiezan muchos guitarristas que conozco.

Desde que estaba en el vientre de mi madre, ella se preocupaba por ponerme música interesante que pudiera ir definiendo un poco mi carácter: Me ponía huapangos.

He pasado de escuchar los cassetes de mi papá, en los que circulaban rolas de los Creedence, Santana, The Doors y uno que otro cover de alguna de Barry White, escuchar los cassetes o CDs que vienen de regalo con el fijador para pelo, que generalmente traen los éxitos del momento, pasando por recopilaciones de las mejores canciones de Paquita la del Barrio o Bronco y una que otra rola religiosa, sin olvidar a los consagrados Beatles y a los chidines chicos de Coldplay.

La música ha llegado a llenarme de tal manera que ahora, más por hobbie y relax que por otra cosa, colecciono guitarras, las toco al menos unas tres veces a la semana, grabo mis propios retazos musicales en mi laptop y colecciono compras digitales de música antigua (de preferencia beebop, charleston, swing, soul, blues, jazz) que no podría conseguir fácilmente en un Mixup (además que en la ciudad donde vivo ni conocen los Mixup).

Sobre a lo que me dedico en GrupoW, que es al modelado, texturizado e iluminado en 3d, también ha recibido la influencia musical, haciéndome reproducir la guitarra de mis sueños de forma virtual, con un escenario en algún bar oscuro y su amplificador todo jodido. Simplemente delicioso. Al menos puedo estar seguro que esos proyectos personales sí los quiero terminar, pues me apasionan.

Por otro lado, una faceta mía que pocos conocen es que me gusta trabajar la madera. En la secundaria alcancé a hacer varios muebles y medio se manejar las sierras de mesa. Me gustaría algún día poder construir mis propias guitarras, así que ya me he estado documentando sobre el asunto.

Posiblemente los demás compañeros, absortos en sus cosas y sus proyectos, puedan no percibir ese lado mío, pero así tampoco puedo yo percibir alguna inquietud, hobbie o gusto que ellos tengan y les apasione, pero de algo estoy seguro: nada de lo que hagan carecerá de ritmo.

La mejor rola para soltar una pequeña lágrima por aquella nostalgia amorosa del amor que alguna vez lo fue.