Hacer…

Tarda uno en aprender.

Requiere tiempo, paciencia y mucha frustración ante el mundo. Durante un buen tiempo pensamos que todo el mundo juega en nuestra contra, para vivir enojados con quien ose mirarnos seriamente, con una sonrisa, con una mueca o con la mirada vacía… Qué importa, seguro algo malo está pensando de mi.

Nos preguntamos qué es lo que le debemos al mundo y desarrollamos una alta sensibilidad a la crítica, dando tumbos por la vida pensando que todos piensan que nosotros somos unos tarados… Justo lo suficiente para culparlos de nuestros errores, por su escrutinio, su crítica, por juzgarnos.

Todo lo externo nos afecta y sin saber cómo, hace que estos sueños se queden como eso, como sueños solamente. Es muy romántico tenerlos, acariciarlos de vez en cuando, acercarme a veces sí y a veces no, avanzar para luego detenerme, regresar la mirada y retroceder por donde venía a donde no llueve, o hace viento, o calor o hambre.

Tarda uno en aprender que eso que quieres, tuyo ya es. Lo que sea. Solo hace falta levantarse, caminar y tomarlo.

Anda, ve y tómalo. Es tuyo. Siempre lo fue. Aprécialo de cerca, huélelo, siente su textura, su peso. Y no me refiero al plano material, pero sí un poco; en esa básica forma que pretende traducir tu esfuerzo en herramientas para vivir pleno.

Siempre lo fue, hasta que derrochaste el tiempo invertido en vicios; hasta que decidiste regalarlo al siguiente en la fila, por no saber esperar, por no querer esforzarte, por ni siquiera volver a colocarte al final de la fila e insistir.

Anda ve y tómalo. Es tuyo. Siempre lo fue. Porque tu vida no gira en torno a tus angustias y la lástima que le generas a los que te rodean… Y lo que creas que te van a regalar cuando los haces perder su tiempo así.

Anda ve y tómalo, que lo mereces hoy y mañana, y ya lo merecías ayer, aunque tú mismo te convenciste de lo contrario, te alejaste, te sentaste, dejaste de hacerte presente, te sentías insuficiente, y al final lo fuiste.

El mundo no está hecho para los pacientes inactivos, cuando menos para los que no pierden la paciencia u obstinación.

Aprende ¡aprende montones! Y una vez que aprendas, practica ¡practica montones! Una vez que hayas practicado mientras ya caminabas, ponte más retos, sobre todo uno importante: conócete. En la medida que logres eso, aunque aún no llegues, podrás saber qué hacer con ese conocimiento, con esa habilidad.

Las cosas no empieza desde qué es lo que haces… Empiezan desde la pregunta ¿Porqué hacer?

¿Porqué haces lo que haces?

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