Clávate en la textura

Hay océanos, donde barcos desbaratan sus costillas con las olas, que inexpresivos zarandean tripulaciones hasta límites vomitivos.

Hay ciudades donde los trenes se bambolean con la velocidad, rapaces, en contra del viento; retadores del destino, inmunes al camino, pesados, ferrosos, con ese olor a diesel que se queda guardado en el cogote hasta que lo lavas con algún liquido caliente como café o te.

Descubrimos el mundo mirando desde un cucurucho de papel; vemos por el lado ancho, para enfocarnos en el lado angosto. Vemos un pequeño detalle cada vez, sólo migajas del mundo, sólo los pequeños portillos que deja el sencillo caminar del tiempo… pero tenemos que aprender a vivir con ello, o cambiarlo.

Hay caminos que sólo se pueden andar a pie… que sólo se deben andar a pie.

En la calle, en la ciudad, en el estado, en el país, en el continente, hay cosas que se dicen importantes, por las que la gente muere y vive. Cosas por las que perdemos una infinita cantidad de tiempo, de saliva, de huellas digitales, de miradas, de sudores, tristeza. Podemos vivir en un mundo triste de papeles, sellos, escudos, contratos de compra / venta, la mezcla correcta para preparar una margarita, líneas de crédito, avales y reputaciones; encarcelados en los mismos límites de nuestro corral autoimpuesto, sin puerta ni paredes sólidas, mansos, satisfechos, pero tristes en el fondo.

Y no es que me diga ser un triste individuo, o un individuo triste. A veces la tristeza se celebra alegremente, se disfruta tanto como el placer; para regresar el alma a su lugar, un poco más sabia, un poco más apedreada que la última vez; pero a veces me descubro dejando de descubrirme haciendo descubrimientos.

Es cuando me veo sentado, en esa sillita azul que me aprisiona de nueve a seis.

No es malo trabajar, para nada. Es extraño hacerlo en algo que aborrecía, que antes amaba, y que ahora me da cierto repelús reconocer que me sigue gustando… pero eso en el plan universal vale un reverendo pepino.

Después, ya que me baja la angustia un poco, recuerdo mi olvidado blog al que venía a desahogar mis chaparras penas de recién egresado e independizado veinteañero; creo que te debo mucho más que este extraño texto blog mío, confidente silente, y a veces foro de estupideces que voy acumulando por la vida sin querer.

Fuiste, también sin esperarlo, el punto de partida para algo sumamente importante en mi vida que, según mi loca cabeza, pueda ser más relevante que platicarle al ciberespacio sobre el día en que por fin comí, por un descuido, tacos de moronga en Monterrey; o de aquella vez que una misionera se enamoró de mis huesitos y terminé nuestra amistad con un cabezazo (sin querer) en su amplia frente el último día que nos vimos.

En fin, querido blog, te extraño. Te extraño porque eres parte de mi YO que sí extraño… del YO que de pronto se conectaba quien sabe a qué horas a un mundo en el que no existían estas angustias oficinistas, fuera del control clic y el constante golpeteo de mi pie contra la mesa, a modo de aliviar un poco la ansiedad.

Ahí está mi universo relevante.

¿Bienvenidos de regreso lectores! ¿Me extrañaron?

1393285_10152377396619616_1573997313_n

El Doncha

Anuncios

Un comentario en “Clávate en la textura

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s