Jabón Zote y demás botanas

Hay momentos en la vida de un morro que, por más que uno quisiera conectar la cabeza con todo lo demás, pensar las pendejadas antes de hacerlas vaya, pues nomás no se puede. Y no se puede no porque uno esté pendejo (eso ya se sabe y se ve de lejos), sino porque el sentido común no existe o siplemente no podemos tener siempre a nuestras mamás ahí detrás de nosotros limpiando o arreglando toda la sarta de mamadas que se nos ocurre hacer cuando estamos niños.

Un compadre y su carnal, cuando eran unos cachetoncitos diablillos jijos de su chambeadora, cumplieron con el cometido de ponerse a buscar un chingado tesoro que nunca llegó… bueno. Llegó en forma de cinturonazos en sus delicadas nalguitas cuando su papá encontró el tremendo agujero que los dos cabroncitos hicieron en la pared de la recámara de sus papás.

Y luego dicen que es malo golpear a los niños… digo… a mi carnal y a mi a cada rato nos daban nuestros mandarriazos, que muchas de esas veces nos lo merecíamos.

De niño uno se aburre un chingo. De sacarse los mocos y embarrarlos adentro de los rollitos de calcetines limpios no vive un niño, menos de mordizquear cuidadosamente la cobertura de chocolate de las donas y dejar la pieza en cuestión en el lugar preciso donde se encontraba en la bolsa del pan.

Cuando chamacos, pasábamos las tardes solos en compañía quien sabe de quién: A veces era “Chuche Morgan”, una especie de “Milusos” que rondaba por el barrio, ya sea buscando chamba de plomero, pintor, baña perros o hasta niñero (como con nosotros); ya más adelante fue “Licha”, una flacucha muchacha que hacía las veces de niñera con nosotros y que de sazón para cocinar tenía lo que yo de jugador de fútbol americano.

Cuando morros uno no tiene miramientos para hacer las pendejadas que hace, como puse arriba. Desde jalarle los pelos a la mascota de la abuela, hacer encabronar al perico que lo único que quiere es que por fin le des su chingada almendra y no lo estés toreando como pendejo, atinarle con un papel remojado en babas y un popote a los gatos que, ya por hueva, simplemente se paseaban con los pegotes embarrados en los pelos o embadurnarles los bigotes de plastilina para que caminara chistoso.

Una vez llegamos a usar todo el Aqua Net de mi mamá para hacernos peinados extraños, como los pendejos esos que salían en el anuncio de Aqua Net. Como usamos casi toda la botella, después de un rato ya andábamos todos locos y con picos de cabello en la cabeza. Brincamos tanto en el colchón todo madreado de mis jefes hasta que se cayó y tiramos la tele y el peinador y las joyas de mi mamá (que eran como tres pares de aretes y dos pulseras en una cajita) y la loción de mi papá.

Nos han puesto semejante cagadón que preferimos al final mejor salir al patio a hacer otras pendejadas…

Como la vecindad donde vivíamos estaba rodeada de lotes baldíos, el patio y sus alrededores estaban infestados de lagartijas y ratas del tamaño de un gato pequeño… neta! A veces veíamos a los ratones columpiándose en el tendedero de la ropa de un lado al otro del patio hasta llegar al lavadero donde mi mamá escondía el Jabón Zote. Ahí se posaban los cabrones y de mordidas pequeñas se acababan el chingado jabón, entre los ratones y las lagartijas.

Mis jefes, que ya nos habían pescado haciendo cosas extrañas con el jabón (como hacernos tiritas de jabón rascándole con las uñas, como basurita de sacapuntas de lápiz pues) es que lo tenían en un lugar alto.

Nosotros, por aburridos que andábamos, nos inventábamos formas de capturar ratones en el patio. Eventualmente lográbams capturar alguno en uno de los frascos de crema para cuerpo (Nivea) que dejaba mi mamá. Esa extraña maña de las mamás de andar todas embadurnadas de crema por la ciudad.

Total que encerrábams a lo ratones en los fráscos de crema y nos las ingeniábamos para hacer una pequeña fogata y poner a calentar el frasco. Digo, entonces eran de esos frascos de vidrio grueso, azules, con tapa de metal que estaban más que bien para ese tipo de maldades.

A veces simplemente dejábamos los frascos en el sol hasta que se botaba sola la tapadera.

Pinches morros sádicos me cae de madres.

Luego, con el tiempo, medio me fui dando cuenta de toda la sarta de pendejadas que hice de niño (aunque todavía no tanto las actuales) y siempre termino diciendo algo así como:

El último roedor que atrapé con ayuda fue con la invaluable mordida de mi perro Tampico, un deshuevado poodle con carácter de camionero y dientes lisos como habas. Llevaba ya dos noches el pinche ratón, más bien rata, escarbando en la pared de un lado de la puerta de mi cuarto. Hasta que me harté. Le abrí la puerta al perrillo y me lo traje. Él ya intuía cuando lo ponía a hacer esa clase de servicios.

Subimos a mi cuarto, saqué el Brut de botella verde para axilas, un encendedor y estopa.

Coloqué la estopa en la entrada del hoyo de la pinche ratota y le prendí fuego al aerosol.

¡Ah jijo de su pinche madre como saca lumbre esa chingadera!

Hasta que entre humo y charrasqueadas salió la pinche rata, del tamaño de un aguacate maduro pero con cola…

De un brinco subió a mi escritorio y luego otro más a mi repisa, luego de ahí trepó como soldado por mis medallas que tengo colgadas del techo, hasta subir a mi librero y se guareció entre la parte de arriba del librero y el techo, que dejaban un espacio de unos pocos centímetros.

Acerqué un banquito y asomé un ojo por la rendija.

Ahí estaba la pinche criatura con sus ojos negros y su cola de alambre toda encabronada y espantada.

Subí el Brut y le prendí fuego al líquido mientras salía. Al acercarlo a la rendija la rata tomó vuelo y brincó como si su vida dependiera de ello… bueno, de hecho sí jojo.

En un rápido movimiento, mientras la panzona rata venía en picada por el aire, el panzón de mi perro brincó y de un mordizco pescó a la criatura que hizo un ruido como cuando pisas un pato de hule.

*SQUIIIIICK!!!*

Yo incrédulo grité SUELTALOOOORRRRGGGHHHH!!!!!!!  al tiempo que le daba manazos en la maceta con la mano abierta mientras asqueado UUUUOOAOARRGGGG veía como se movía la cola de la rata…

GUACALA NO MAMESSSS!!!!  Al tercer manazo el chingado perro va y suelta la rata toda madreada a mis pies como quien va y regala una caja de Ferrero Rocher y se me queda viendo con cara de “anda anda, cómete un chocolatito mijo…” no me vi la cara pero creo que no sabía si seguir asqueándome o brincar de la felicidad por ver que mi cagón perro aún era útil para algo y no solo para comer, cagar, ladrar o cachondearse las almohadas de mis jefes.

Con un recogedor y una escoba vieja (ni de pedo iba a usar la escoba de la cocina) hice rodar a la chingadera esa para levantarla y llevarla al lote baldío de enfrente.

Ese terreno ya era tiradero de algunas bolsas de basura a la semana, así que se podían encontrar desde aparatos viejos que aún servían, hasta la basura de la peluquería de dos cuadras arriba…. aunque mi jefe nos hacía limpiarlo una vez al mes y eso me hacía sentir como que pos bien en veces…

Total que llegué al lote con la cosa esa en el recogedor. Con la vista busqué algo que me pudiera ayudar.

En eso la cosa esa hizo un ruido que me espantó. Al subir la mirada de nuevo ví al fondo algo que hacía ya más de 10 años no veía: Un bote de crema nivea, azul con tapa de metal.

Pero no lo usé… no podía repetir la misma pendejada de hacer eso para luego, en una sorpresa desagradable, ver como tronaban las tapas de los botes… así que la enterré y pos ya.

Solo quería regresar a mi casa a bañarme y desinfectar con alcohol el mueble de mi computadora, mi repisa, las cuerditas de mis medallas y el librero… y lavar mi ropa y ya mencioné bañarme? y lavar las cobijas y mis tenis y los calcetines y ya nunca más de los jamases comer botanas y galletas en el chingado cuarto, que para eso se hizo la sala…

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2 comentarios en “Jabón Zote y demás botanas

  1. Me cae que nomás porque tienes un estilo único y muy disfrutable de narrar, se siente menos feo todas las atrocidades hechas a las criaturitas de tu entorno. Besos!! 😀

  2. Estoy de acuerdo con Lucía jaja que pendejadas que puede llegar a hacer uno… feo feo feo! pero si lo contás así nomás dan ganas de reírnos con vos de esas anécdotas jejeje 🙂 Besos!

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