Preámbulo

No hay como entrar y sentir las vibraciones.

Los corazones se sincronizan, bailan, se esponjan, los ojos se cierran, el cabello deja de importar, las marcas, los egos. Las almas se funden y los sonidos sirven como reactivo para alcanzar un plano de existencia diferente, sencillo, estridente, salvaje, natural.

Como células que se dividen durante toda la vida, es rara la unión ante tal espectáculo, donde unos fungen como guías universales en el viaje finito al que nos sometemos. Todos excitados y ávidos de más de eso y menos de cualquier otra cosa. Más de esa vida que vibra, de ese sonido que encanta, de ese bajo, las percusiones, las voces, los cantos espaciales que nos animan al corazón a ser como quiere ser, a ser como el universo le pide que sea…

Libre. ¡Déjalo libre! Que llore, que ría, que extrañe con la infinita melancolía de su corazón, que vuele con la infinita fuerza de su voluntad, que se desgaste con el infinito gusto que tiene de saber que algún día va a morir y que, al final, habrá valido la pena… Déjalo libre.

No hay ninguna invento humano que explote tantos sentimientos en mi como la música.

Este video desde el minuto 2.50 es todo un acto de libertad que la improvisación supera de forma muy genuina el resto de la canción, aún así, todo funciona como un todo. El preámbulo.

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