De camino caminando

Aah mi querido blog, olvidado por las idiotas e insensibles preocupaciones del mundo moderno; que si el gas, que si el agua, que si las deudas, que si esto que si ‘lotro.

Mientras leen, escuchen esta rola del buen Chico Ché, dioxito lo tenga a fuego lento.

Y mi letras y mi infalible prosa, arcaica y con olor a garnacha, se despedorra contra las paredes de estrés que me meten en la chamba, en la casa, desde lejos y desde quien sabe donde… pero ps lo chingón es que de vez en cuando he tenido la chanza de descuajarme de preocupaciones con unos buenos acordes de guitarra, una que otra carne asada, calentones, basquetboleadas, dibujancias y dos o tres copas a la salud de algún cumpleañero o cumpleañera.

La neta a esta vida le hace falta cumbia, le hace falta guapachor, luces apagadas y apretujones anónimos en un bar oscuro y maloliente, tocadas rocanroleras sudorosas y desafinadas, desde el culo de algún barrio jodidón donde los adjetivos se olvidan en la puerta de entrada, justo donde te ponen un sello de Don Gato como seña para poder volver si sales a fumarte un porro.

Y justo con esas ideas me levanté y me fui caminando a la oficina, cosa que no hacía antes. Mi debilitado corazón protestó, pero poco a poco se ha ido acostumbrando, aunque todavía llego soltando el bofe, pero cada vez con más gusto.

En el camino me encuentro un chingo de cosas bien locas:

Salgo de casa y en la esquina me espera un perrote negro que me sigue unos pocos metros. Me huele los chamorros, pero tengo miedo que un día les quiera dar un mordizcón, pues carnuditos sí los tengo y no dudo que se le antojen. Luego sigo caminando y la señora que siempre sale a esa hora a regar unas pequeñas plantitas algo estropeadas por tanto calor y sequía, si paso por ahí y y está barriendo su pedazo de calle quiere decir que ya voy tarde, pero siempre huele a suelo mojado, que me da la sensación de estar temprano de mañana, aunque a esa hora ya haga un calor de aquellos. Luego me sigo mientras el señor de la tienda que se ve al fondo se me queda viendo hasta que me pierdo en el horizonte. Ese señor abre la tienda desde las 7 de la mañana, pero he visto como desayuna y bebe su café sentado en los dos escalones de la puerta de su tienda.

Ahí a la vuelta está una casa abandonada con los vidrios rotos, un día me encantaría tener tiempo para tomarle una foto porque a esa hora el sol entra por una ventana y se ve muy tétrico y deprimente, lo suficiente para una buena foto. Más adelante siempre está un señor sacando su camioneta o sobándola con un trapo mojado para quitarle el polvo. Es una camionetota verde horrible ( de ese verde del que ningún coche debería ser) pero parece que al tipo este le encanta.

Unos pasos y ya estoy frente a otras dos tiendas que son competencia, aunque una vente tortillas de trigo y garrafones de agua como plus, y la otra vende cosas de papelería para escuela, así que no se pisan tanto los talones. Más adelante está un hoyo en el suelo que unos obreros huevones llevan meses reparando y volviendo a reparar, por ahí debajo pasa una cañería y huele a demonios… o a caca de demonios.

La calle está llena de baches, pero todos los coches los evaden con habilidad, aunque casi siempre por poco se suben a la acera.

Siempre que llego a la esquina del árbol grande (donde hay un árbol grande todo feo) me tengo que asomar para el frente, a un lado, atrás, por si no viene algún desgraciado hijo de su peluda que no prenda direccional o baje un poco la velocidad y me atropelle por andar de despistado al cruzar esa peligrosa esquina. Hay veces que me tengo que regresar de un brinco a la acera antes de llegar a la mitad de la calle… los cabrones de los chóferes de microbus parece que no tienen decencia y solo frenan para subir pasaje, porque incluso al bajarlo caminan un poco y la gente tiene que correr para no irse de boca.

Ya más adelante, justo frente al templo ese, pasando la tienda, me encuentra dando vuelta en una esquina una chaparrita con cara de enojona, camina rapidísimo y toma su bolsa con fuerza contra su costado derecho. Pasa por un lado de mi casi corriendo, pero deja una estela de perfume de ese que huele rico y namás te deja todo tarugo… aunque luego luego se me quita porque el policía que está en la caseta de vigilancia se me queda viendo con ojos de pistola y no puedo evitar sentirme todo raro que me vea así de fachoso y poniendo cara de pacheco cuando huelo el perfume de la chaparrita enojona… a mi se me afigura que siempre huelo a garnacha y por eso la chaparrita se enoja, porque me encuentra y mi olor es tan peculiar y tan penetrante que desde antes que de vuelta en la esquina ya sabe que ahí le voy namas por el olor a taco sudado.

Luego, 10 metros antes de encontrarlo, el señor que barre las hojas de un árbol siempre a esa hora, se detiene hasta que paso junto a él;  en ese instante sigue barriendo. Que extraño.

Al final solo veo a un tipo vendiendo tapetes en la esquina más peligrosa del barrio (porque ahí los coches a cada rato chocan) y pocos pasos después llego a la oficina, donde me reciben dos guardias, casi siempre uno dentro de la covachita y otro es el que me abre, casi siempre el bigotón.

Llegar todo sudado a los 15 minutos, a pesar de haberme bañado media hora antes, traer olor a garnacha por la caminata cuesta arriba y oler a la chaparrita en el camino, no tiene precio.

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Un comentario en “De camino caminando

  1. me encanta como admiras tu alrededor cuando caminas…trata de no perder tu capacidad de asombro por favor!!!
    y otra cosa….no dejes este blooggg!!! me encantaaa!!! XD

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