Benito (segunda parte)

Asi es… Benito era militante de una de esas iglesias nuevas donde también hay fulanitos tocando música animosa medio desafinada a veces. La voz siempre es la del ministro, que tiene que enseñarse a cantar para que los feligreses lo vean (y escuchen) con mejores ojos, aplaudiendo al ritmo de la música.

Las otras dos o tres personas que estaban dentro del pequeño templo, agitando unos pequeños folletitos para echarse aire, se fueron acalorados a sus casas no sin antes despedirse de todos, incluyendo al buen Benito, que sonriendo me miraba esperando a que lo reconociera.

-¿Qué no se acuerdas de mi?- me dijo con una voz rasposa, extendiendo sus brazotes y abriendo las manazas como esperando un abrazo.

– ¡¡Pero como no me voy a acordar!!- le dije – si la última vez que te vi fue anotando un gol en la portería que poníamos por la casa de Doña Rosa-

Me platicó que se había ido al otro lado, a trabajar en un rancho de Texas recogiendo naranjas. Era una profesión dura pero él no se rajó. En las noches trabajaba lavando platos en un restorán, donde a veces también hacía de mesero y ya más noche se ponía a practicar el acordeón con algunos paisanos norteños que también estaban en la misma situación.

Uno de esos paisanos le presentó a unos güeros que siempre andaban bien arregladitos, con corbata, pantalones oscuros y un portafolio. A Benito se le hacía raro cómo es que estos tipos podrían ir a veces trajeados por la calle, cuando hacía un calor tan intenso que bien podría derretir cualquier peinado en segundos. Los güeros lo hicieron amigo y de paso lo metieron a su iglesia. Benito, como muchos de su barrio, creció sin religión alguna más que el trabajo, así que estos muchachos se encargaron de irle suavizando el alma al bronco Benito, que para éste momento de la plática ya llevaba su segundo café.

Ahora su misión, como él le llama, es llevar el mensaje de nuestro señor creador a los que no lo han encontrado y viven con ansias de recibirlo.

-… pero no quisiera entretenerte con esas cosas ahorita pues ya es noche, ¿nos vemos mañana?-

Le dije que sí y lo despedí desde la reja de la casa, no sin antes recordarle las noches de fútbol que extendíamos hasta las dos de la mañana… miramos la calle con nostalgia y cada quien tomó su rumbo.

———————-
Ocho años después me lo volví a encontrar.

Fue en el transporte público. Subí al camión, con mi maleta y una mochila, todo angustiado por llegar a tiempo a mi primera entrevista de trabajo fuera de mi ciudad de origen. Me senté en la pequeña banca azul y solté un suspiro de alivio cuando el camión se empezó a mover.

– ¿Pos pa donde vas compare?- Me gritó una voz desde atrás.

Ahora estaba vestido con una playera negra de Nine Inch Nails que le quedaba chica, una panza cervecera que bien podría haber empezado a hacer desde la última vez que nos vimos. Una cachucha con logo de Tecate, el pelo largo, bigote y barba de candado solo en la mitad de la cara, pantalones aguados y rotos, enormes tenis blancos y mugrosos y un acordeón colgando del cuello, que para el tamaño de Benito, pues le quedaba muy chico.

– ¿Benito?-
– ¡El mismo que viste y calza!-
– Orale cabrón! que sorpresa- dije mientras sonreía al tiempo que le descubría esa nueva apariencia. – ¿Ora en que andas?-
– Voy a ensayar pa un toquín con unos güeros de Chihuahua, mañana en la noche vamos a tocar en la plaza-

Benito terminó predicando en algún lugar de Chihuahua, donde conoció a unos músicos muy curiosos que querían aprender a tocar norteño y él se encargó de aconsejarlos un poco, pero ya llevaban mucho camino recorrido musicalmente, pero mi buen excompañero de fútbol se encargó de prestarles sus discos de corridos y polkas norteñas, que gustosos ponían una y otra vez, tratando de imitar los acordeonazos de los Cadetes de Linares.

Benito se despidió cuando llegamos a la avenida que lo llevaba a la Carretera Nacional y no lo he vuelto a ver. Espero la siguiente vez encontrarlo hecho todo un luchador de la AAA, o un conductor de autos de carreras, o un artista del performance norteño… no se. Al menos, las polkas norteñas han echado raíces en muchos lugares que pocos imaginan.

(cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia jojojo)

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Un comentario en “Benito (segunda parte)

  1. Jajaja a esos tipos de traje, corbata y maletin se los ve con frecuencia por aqui… Se ve que “Dios esta en todas partes” juju abrazo amigo!

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