¿Y tú que andabas haciendo?

Era uno de esos amores de verano. Fue fugaz y tranquilo… lleno de lluvias tibias en la tarde, comidas en lugares extraños y serenatas a la luz de la luna.

Pero todo llega a su fin. Un día, después de ir a ensayar con mi banda de rock, me enteré que ella había pasado exitosamente el examen para entrar a la escuela de medicina. Me alegré tanto que dejé lo que tenía que hacer para ir corriendo hasta su casa y felicitarle. Caminé un rato por la calle, cargando mi guitarra y su bocina, sudando en el frío anochecer de mi antiguo barrio. Llegué todo cansado pero feliz de saber que mi novia ahora sería estudiante de medicina; en la mañana le habían dado los resultados pero no me había dicho aún, creo que quería darme la sorpresa.

En lugar de eso me recibió fríamente. Sus pequeños ojos se entrecerraron mientras me daba un molesto “gracias”. Unos días después me dijo que me prendía la “la luz amarilla”, pues como ya estaba a punto de entrar a la universidad, además de ser medicina una carrera difícil y demandante, pues ya no iba a tener mucho tiempo para atenderme, para estar conmigo, para ser novios, pero que el lunes me decía finalmente su decisión.

Regresé a casa devastado, aún sin darme cuenta que yo mismo había sido un pendejo y que ella poco hizo para saber los motivos de mis pendejadas (casi siempre involuntarias).

Ese fue un viernes de mierda para mí. Le llamé a mi amigo José Eduardo, quien con sus palabras de hombre (y tratando lo más posible de sonar como un macho) me levantó un poco los ánimos, pero la incertidumbre me rodeó esos días… no podía dormir pensando que mi mundo se derrumbaría, que me iba a morir, que la vida no valía la pena si la chica por la que luchaste y esperaste más de cinco años finalmente de mandaba a la chingada con un pretexto tan estúpido que dolía…

El lunes llegué a la universidad, desvelado y desanimado. Todos mis compañeros me vieron y trataron de confortarme un poco. Seguía con mi incertidumbre, pero ya no me afectaba tanto.

Distante y distraído, dibujándola en mis libretas, pasé el día en clases.

En la tarde, tomé mi pequeña camioneta y regresé a casa para bañarme y arreglarme para verla. Ya pensaba que tenía esperanzas, como quiera es lo que muere al último. Era mi primer novia seria y estaba dispuesto a hacer lo que fuera para seguir con ella.

Llegué a su casa y no me recibió con una sonrisa. Llevaba semanas recibiéndome así, pero yo no me daba cuenta. Azotó la puerta tras de sí, dejándola tambaleante y bajó las escaleras lentamente. Siempre se veía hermosa, pero esa noche la frialdad en su rostro me dejó claro que esto no iba a terminar bien.

Y lo hizo… me dejó el corazón hecho trizas y no me dió oportunidad de defenderme, de patalear para no ahogarme, de resarcirme… cinco minutos después ya estaba yo de regreso en casa, devastado y con la mirada perdida. Mi papá me atajó y me habló suavemente, me puso la mano sobre la cabeza, como solía hacer cuando era más niño, me tomó de un brazo y me dijo que era un gran hombre. Lloré toda la noche.

Al otro día empecé mi rutina de siempre, aunque ahora convertido en un zombie del amor. Desayuné mi cereal lentamente y partí temprano hacia la universidad. En el radio alcancé a escuchar las noticias: una avioneta de carga se había accidentado y chocado contra una de las torres gemelas en Nueva York… -¡Pendejos…!- grité mientras esperaba el verde en el semáforo – ¡… eso no se le hace a la gente! seguro ya lo sabían, ¿Cómo puede una avioneta estrellarse así como así en medio de la ciudad más famosa del mundo?- volví a gritar, rabiando y pegando un puñetazo en el tablero de la camioneta. Miré hacia mi izquierda y un señor de un coche pequeño me veía mientras desporticaba contra el gobierno y contra la vida de mierda que sentía en ese momento. Se me rodaron las lágrimas.

Ya en la universidad, nos dijeron que la clase se cancelaba, así que opté por irme a la cafetería. En esos momentos, Brozo, un payaso (literalmente) que daba las noticias acá en México, repetía las tomas de la CNN en la que una de las torres gemelas soltaba humo negro… luego las tomas de un video aficionado donde se veía claramente un avión de pasajeros estrellándose contra el edificio.

No lo podía creer… aviones estrellándose contra edificios… peor que kamikazis contra porta aviones… civiles muertos o heridos, horrorizados, vulnerables… insignificantes.

Justo estaba en ese pensamiento cuando un segundo avión se estrelló en el otro edificio. Eso ya no era solamente una desgracia… eso era algo planeado… en ningún lugar ví algún vehículo (terrestre o aéreo) del ejército, y eso que aquel país tiene mucho dinero invertido en una supuesta protección gracias al ejército…

Algunos minutos después, sin esperarlo, las dos torres colapsaron… en ese momento ya no importaba si tenía clase o no, si tenía el corazón roto o no, si mi desayuno llevaba varios minutos sobre mi mesa, enfriándose; todos estaban boquiabiertos mirando la TV mientras el payaso ese repetía lo que yo había pensado como si fuera una especie de psíquico… las torres colapsaron.

Ese día anocheciendo, llegué a casa… hablé con mis padres, con mi hermano, con un primo… agradecí la fortuna de estar vivo y de saber que mis seres queridos más cercanos estaban bien.

El tiempo se encargó de poner en mi camino a personas que sufrieron las formas más crudas de los daños colaterales provocados por esa masacre… en sus familias, en sus parejas.

Y fue entonces que me sentí culpable por llorar por algo tan infantil como ser botado por tu novia de cinco meses…

El tiempo se encargó de darme cosas más importantes por las que llorar de verdad…

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3 comentarios en “¿Y tú que andabas haciendo?

  1. Ese dia era muy temprano por aquí cuando llego la noticia y rápidamente las imágenes de esa tragedia. Eran algo asi como las 9 de la mañana y yo dormía en paz, en casa de mi madre. Ella me desperto para que me acerque a la television para ver que pasaba. Estaba en la secundaria asi que me importaba un bledo la politica y las consecuencias de las ansias del poder. Fue justo 11 dias antes de empezar el noviazgo que hasta hoy continuo asi que Tambien andaba decepcionada del amor, y Tambien estuve agradecida por estar, aunque sea a distancia, con toda mi familia a salvo. Besos alfred! Gracias por existir!

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