Igualdades desiguales

Pues sí, es un tema rasposo y escabroso, lleno de opiniones picudas y pasionales.

Primero, dejemos claro el contexto:

Los seres humanos somos una especie extraña. Por una rara mutación logramos desarrollar la capacidad de crear un lenguaje complejo, hablado, cosa que detonó que desarrolláramos un sentido de percepción muy diferente a todos los seres vivos del planeta: las connotaciones, lo subjetivo, lo personal, el individuo y su ser.

Esto no quiere decir que ninguna especie animal del planeta pueda desarrollar un sentido individual de su vida, entendiendo como esto la existencia sin necesidad de un “grupo social” al cual pertenecer.

Esto nos limita hacia un grado de separación cerebral muy intenso, con respecto de las demás especies animales, y al mismo tiempo nos acerca a una organización social vista comúnmente en otro tipo de seres vivos, como los hongos, los virus y alguna que otra rareza o enfermedad en la naturaleza.

Los seres humanos, también, hemos ido cambiando nuestra forma de pensar según las tendencias de la época. Éstas tendencias marcan cambios en la sociedad, desde económicos, psicológicos y hasta fisiológicos.

¿Cuántas veces no nos hemos enojado al ver algún programa o anuncio en la TV mientras deducimos que nuestros tiempos de niñez mostraban publicidad más honesta y humana? Los niños de ahora ven la TV y ya casi no distinguen la programación habitual de los anuncios comerciales, en términos de atención, aunque a eso se nos haga raro e insensible.

Volviendo a lo de las especies animales.

La mayoría de las especies animales (si no es que todas) tienen un rol definido en el ecosistema, rol que va cambiando y adaptándose constante pero lentamente, dejando atrás sus viejas habilidades inútiles y adquiriendo unas nuevas para la supervivencia.

Esto poco se ha aplicado al ser humano, que en algún punto de su existencia perdió el camino, el rumbo a ser parte de su entorno y vivir de él, tanto como cuidarle y respetarle. El desarrolo mental de nuestra especie ha detonado un raro desorden de identidad, en el que el ser humano ha resultado un eslabón perdido entre lo que la naturaleza pretendía y lo que un chiripazo provocó…

——— fin de contexto.

Ahora, seamos claros.

Los pingüinos machos empollan al huevo durante toda la gestación del pingüinito en cuestión. La hembra, por su lado, sale y se pone a comer y engordar como loca para poder darle de comer al chamaco cuando nace, porque nacen con un chingo de hambre.

Las leonas salen y cazan caribúes o algún otro animal piernudo para llevar comida a la casa, mientras los leones se preocupan por expander su territorio y de cuidar que ningún intruso llegue y tome lo que tanto trabajo le ha costado (sus tierritas y su leonas, junto con las crías). Si el leon es muy chafa para cuidar lo suyo, otro llega y se lo chinga, lo corre y el nuevo mata a las crías, cosa que hace que las hembras entren en celo inmediatamente, para aparearse con su nuevo león, y seguir perpetrando la especie, aunque ahora con los genes del nuevo jefe.

Los cocodrilos entierran sus huevos en un lugar seguro y tibio para que sus críos nazcan seguros. Los cuida por un cierto tiempo, asegurándoles comida, mientras el cocodrilo macho simplemente sigue buscando con quien más aparearse.

¿Cuál es el comportamiento del ser humano?

¿Cuál es el comportamiento del hombre?

En realidad no hay un solo ser humano que se comporte exactamente como otro, y esto hace que cualquier plática sobre la diferencia entre hombres y mujeres sea tan escabrosa.

Primero que nada, México, por ser un país con tradiciones muy arraigadas, es un lugar donde los tabúes y la falta de información es pan de todos los días. Esto provoca mujeres desinformadas sobre cómo no embarazarse, sobre cómo no contagiarse de alguna enfermedad cabrona, sobre como decidir sobre lo que ella misma cree ser conveniente. Esto también provoca hombres que creen que el embarazo no es su culpa, que las enfermedades las portan solo las mujeres, que lo que él decida es lo que se tiene que hacer y se acabó.

Se que la mente cerrada de muchos hombres en el pasado (y aún en nuestros días) provoca que muchas mujeres crezcan y se muestren resentidas por cómo los hombres se desarrollan en sociedad tan libremente, al contrario de muchas mujeres, que tienen que limitar cosas como su lenguaje, sus relaciones sociales y hasta sus relaciones sentimentales con tal de encajar en el “estereotipo” de la mujer perfecta.

Esto de los estereotipos es una mamada. No hay una sola persona que cumpla con el mentado estereotipo, y quien tenga la osadía de acercarse un poco, tiene que conformarse con vivir una vida relativamente infeliz,

Hay un día de la madre, hay un día del padre, hay un día de la mujer, hay un día del compadre, hay un día del taco, un día de la familia, un día del abuelo, un día de lo que sea. No hay un día del hombre, y no veo ningún hombre quejándose, o quien sabe, puede haber alguno por ahí. Y seguro muchas mujeres en éste día puedieran decir “pues sí a mucha honra por todos los trabajos que nos ha costado luchar por nuestros derechos como mujeres”

Mi pregunta es, ¿No se supone que todos los humanos somos iguales? ¿No se supone que los hombres y mujeres debemos gozar de los mismos derechos ante la ley y la sociedad?

Todas las mujeres están de acuerdo. Pero hay ciertos detalles en los que debemos tener cuidado antes de hablar del tema, porque nunca ha sido parejo.

Me explico.

En algunos bancos, si eres mujer, te ofrecen una tarjeta de débito que puedes abrir con menos dinero, gozar de cuotas más bajas o más amplias y hasta un seguro médico. Hasta ahí de acuerdo, no hay problema. Cuando pregunté si había una opción así para un estudiante hombre o trabajador de bajo nivel como yo, me dieron puras negativas.

Esto me puso a pensar, pues no entendía realmente porqué es que mi cuñada podía gozar de mejores beneficios en un banco, si ella en ese momento no tenía trabajo, ni sueldo, estaba terminando sus estudios y dependía de mí para sobrevivir en esa gran ciudad; pero es mujer.

Es difícil que el gobierno y las instituciones tomen en cuenta todas las variantes que puede haber en cualquier situación legal y/o financiera, muchos menos las variables sociales. En ese momento, lo del banco, se me figuró algo así como pensar que a un estudiante en estados unidos, le pueden dar mejores beneficios por ser descendiente de afroamericanos, pero un güero simplemente se la pela. Esto no quiere decir que las minorías merezcan un trato escpecial, tampoco queire decir que las tengan que maltratar, o que si las maltrataron se les tenga que perdonar todo por los siglos de los siglos.

Todo tiene que pasar por un período de ajuste, pero de eso a dejar que el ajuste se convierta en un trato clasista (ya sea para bien o para mal) lo deja en el terreno de las injusticias, que tarde o temprano detonan otro tipo de comportamientos contrarios. El tratar de manera especial a los afroamericanos, a las mujeres, a los gays, a los minusválidos, no tiene porque ser motivo de discrepancias sobre quien tiene más derechos que los demás, pero sí un motivo o pretexto para considerar que las leyes no siempre se van a adaptar a todos, así como no todos van a ver de la misma forma cómo una persona se desarrolla en sociedad.

Opinar sobre los demás y sus derechos, es casi como decirle a cualquiera cómo debe vivir su vida, eso no está bien, pero si hay un día de la mujer, en la que la mujer recuerda que debe exigir los derechos de vivir una vida profesional y personal como se le de la gana, entonces no estamos siendo objetivos con respecto a los derechos, mucho menos con el trato que cada uno de los integrantes de la sociedad se merece.

Se que siempre va a haber hijos de puta que tomen ventaja de cualquier cosa, de la que sea, aunque seas minusválido, o pendejo, o simplemente distraído. Si ha habido gente que se aprovecha de las mujeres, no es sólo porque esas personas sean los provocadores de todo.

Si a una niña no le explican que por tener sexo con cualquier pendejo, se puede contagiar de alguna enfermedad rara, o embarazarse, entonces será culpa de sus padres por no explicarle, de ella por no investigarlo, y del hijito de la chingada que vino, la embarazó y se borró del mapa.

Si a un niño no le explican que por andar juntándose con esa bola de babosos marihuanos que pululan en el barrio, se lo pueden trepar a una patrulla y terminar en la cárcel, es culpa de sus papás por no advertirle, es culpa de él por andar haciéndole al chingón, y culpa de los pandilleros marihuanos que andan zonsacando gente para hacer pendejadas.

Los malos tratos a las mujeres son malos, también los malos tratos a los hombres. En general, la humanidad está en contra de sí, siempre nos quieren ver separados y peleándonos unos contra otros, total, les conviene que los intereses estén divididos, así compran más, así viven menos… así es más interesante vaya.

La mujer no tiene por que exigir sus derechos si ella misma no los hace valer. Hay hombres que son maltratados, golpeados, ninguneados, de la misma forma que muchas mujeres lo han sufrido a lo largo de los años. Ahora mismo hay muchos SERES HUMANOS siendo víctimas de la tortura psicológica de sus parejas, y ese es el tipo de chingaderas que hay que evitar, en las que hay que levantarse y exigir los derechos.

Si la mujer misma acepta que le traten mejor, por ser mujer, entonces ella misma está aceptando que es diferente y la igualdad social vale un carajo.

Pero, ¿qué crees?

Sí somos diferentes.

Los hombres contentos están sólo con un six, dos o tres amigos, y un buen partido en domingo. Un mañanero con su vieja dos veces por semana, y una salidita a caminar, o al cine o a cenar tacos. Los hombres quieren cosas así de sencillas, y respeto, poder.

Las mujeres son muchísimo más complicadas, pero básicamente quieren ser escuchadas, saber que su opinión cuenta, sentirse valiosas, imprescindibles, útiles, capaces y en algunos casos, independientes, realizarse como mujeres (lo que sea que eso signifique). Quieren respeto y a veces también poder.

Algunas mujeres simplemente han optado por crearse un rol, la gente les trata como ellas quieren, les respetan, les admiran, pero al final a algunas les gana el instinto de ser mamás y se convierten en madres solteras, que también son profesionistas, que también son varios etcéteras y se olvidan de ser buenas madres… o todo lo contrario: lo dejan todo por ser mamás.

Y a todo esto, ¿en donde queda el instinto de cazador del hombre y recolector de la mujer? Todavía somos reptiles, pero pareciera que tenemos que ir en contra de nuestra naturaleza real para ser humanos. El hombre ha cambiado el ir a cazar por ir a comprarse el nuevo dispositivo chingón del momento, aunque cueste un huevo y ya tenga otro parecido; la mujer ha cambiado el recolectar comida para hacerse de una colección de zapatos que nunca alcanza un límite, y después de un tiempo ya no sabe donde guardar.

Los hombres y mujeres nunca vamos a ser iguales, pero muchos de nosotros dejamos que los medios jueguen con nuestros géneros para hacernos cada vez más uniformes, más parecidos, más controlables; para que dejemos de confiar en nosotros mismos y nos dejemos en manos de los comercios manipuladores que te venden la idea de que no eres nada o nadie si no consumes sus carísimos productos.

Los hombres y mujeres nunca vamos a ser iguales porque nuestras necesidades son diferentes, porque pensamos diferente, porque actuamos diferente. Nuestras reacciones ante la vida toman otros caminos la mayor parte del tiempo, pero siempre coinciden cuando se habla de dos.

Los hombres y las mujeres nunca vamos a ser iguales, pero siempre se nos olvida que somos complemento uno del otro. Que podemos formar un buen equipo y que, de encontrar una buena pareja para nosotros, depende nuestra realización como seres humanos y la preservación de nuestra especie, que al final, es el objetivo que nos dictan nuestros genes.

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