Presidente

Sí señor… yo alguna vez lo defendí, gracias al miedo que me daba todo lo que decía sobre su rival. Usted nunca dudó en decir todas esas mentiras, ni burlarnos de muchas formas para obtener lo que usted quería, lo que su partido quería. Como quiera a la gente les dijo lo que querían escuchar…

Al final, tuve el tiempo suficiente para arrepentirme de pensar bien de usted y preferí no votar por usted, pero tampoco voté por su mayor contrincante.

Ya se que los “hubieras” no existen, pero tampoco sabremos nunca cómo las cosas estarían de haber tenido un resultado diferente.

Sí, empezamos ese año con usted, con muchas esperanzas puestas en un ideal, pero algunos años a la distancia, no me queda duda que no podremos realizar, como nación, lo que se nos viene prometiendo desde hace muchos años.

Hace décadas, el otro partido que dominaba el gobierno no hacía mucho por lograr un avance real. Ví surgir muy buenas empresas que después el mismo gobierno absorvió para luego convertirlas en un nido de burócratas persiguiendo un hueso, empresas a las que terminaron por chuparle toda la sangre que tenían, dejándolas como un cadáver inútil y sin futuro.

Nosotros, sin embargo, pequeños peones, ratas de laboratorio, carne de cañón, eterno productor de riquezas ajenas, vivimos las vidas con dificultades desde la infancia. Desde que mis abuelos empezaban a buscar la forma de pagarles una buena carrera a sus hijos, viendo si se hacían soldados, sacerdotes, maestros o médicos, prefirieron la honrada y honorable carrera de profesor de escuela; en aquel entonces no sabíamos que una de esas muchas mujeres que se formaban dando clases en un ranchito, iba a terminar siendo la reina de un imperio que maneja cantidades inimaginables de dinero, del que es la soberana vitalicia de una mafia que hace y cobra favores, soborna presidentes (como a usted y algunos de los que le han precedido) y pervierte voluntades gracias a la fuerza de las cadenas amarradas a los cuellos de los sindicalizados y sus líderes caníbales que solo quieren un pedazo del pastel. ¿Cómo permite eso señor presidente?

Sabemos que quitarle el pedazo de carne de la boca a ese tipo de personas es difícil para usted, son bestias hambrientas que no pueden más que alimentarse del sistema que ellos mismos han creado, con los sistemas de comunicación, con la educación, con la información misma, con los pocos recursos que cada uno de nosotros tiene para hacernos de una falsa sensación de seguridad por ya tener cosas que sólo nos dejan deudas.

¿Cómo espera que la gente confíe en su gobierno si casi se le cobra hasta por respirar? ¿Cómo espera que la gente apoye su país, si éste le está dando la espalda?

¿De verdad pensaste que esto sería fácil? El otro día ví en la TV a una mujer reclamándote la muerte de su hijo mientras la evadías y sobajabas con tus pequeñas frases de ropero, las que tienes por ahí guardadas con un plástico encima y que sólo sacas cuando la situación amerita respuestas más humanas. y ¿qué ha pasado? Ni idea… pero gracias por dejar que los medios de comunicación se vanaglorien de seguir el caso de un futbolista balaceado al que, por muy mártir que sea, desenfoca la atención sobre cuestiones más importantes como el ya sobado caso de las muertas de juárez, como la lamentable pérdida de todo un pueblo completo en Michoacán, como los pequeñines que ninguna culpa tenían para pagar la estupidez de los que estaban detrás de esa guardería que se incendió; como la máscara que le ponen a los mexicanos enfrente cuando pasa algo así, como lo hacen con los torneos de liga de soccer que cada vez son más seguidos, como el endiosamiento de los jugadores, como un día del taco, como la inclusión de nuevos rostros en la política mexicana que termina viéndose como una puta barata cuando los que toman las decisiones se pasan las reglas por el culo y meten a un Juanito como gobernador de algo, para luego sacarlo, y luego no saber qué hacer con él, porque como quiera al final se salieron con la suya.

Señor presidente, ¿De verdad quiere ser recordado así? Digo, al final vale madres porque dentro de unos diez años los libros de historia van a decir que usted fungió como un paladín de la justicia y las buenas costumbres, que era de una familia ejemplar y escaló desde abajo luchando por los derechos de los pobres, los niños, los ancianos, los analfabetos. El recuerdo se su realidad será relato de nosotros ya de abuelos explotando en contra de un gobierno que siempre nos ha dado la espalda.

Si nos hemos salido del camino, como ciudadanos, es porque se ha permitido. Si le ofrecemos dinero a un policía para dejarnos ir y el policía lo acepta, no es realmente porque se nos haya ocurrido de un día para otro. Eso lo hemos visto en nuestro gobierno desde siempre. Cambiando la historia a su conveniencia, haciendo héroes de la nada y enterrando ideales, pero sobre todo, dejando que el que está en el poder cambie las cosas a su voluntad.

Vimos a un tipo en un videoescándalo (pinche palabra pendeja) metiéndose dinero hasta en las bolsas, a un politiquito junior dejándose sobornar para dejar construir no se que cosa hotelera y darle en la madre a lo que él mismo defiende, pero sobre todo, lo vemos a usted Señor Presidente, casi todos los días en la TV, hablando de “juntos lucharemos para que México salga hacia adelante”, revirándosela discretamente a los que especulan sobre alguna situación económica.

Mientras usted hace eso, o viaja, platica con otros presidentes, con gobernantes de los estados de su país, sus diputados buscan mejores formas de sacarle dinero a la gente, aprobando un impuesto contra la pobreza en el que es simplemente el más pobre el que sale más golpeado, el que menos va a disfrutar los beneficios de esa recaudación; aprobando aumento a los impuestos en los coches que nos hacen pagarlos varias veces antes de que el coche mismo termine su vida útil; aprobando aumentos en productos que hacen tambalear a cualquier empresa, quienes terminan siendo orilladas a buscar atajos en sus finanzas para que sean realmente rentables, rehusándose entonces a dar seguro social, vacaciones, beneficios de nómina, incluso una contabilidad decente, que al final el mismo empleado tiene que hacer por su cuenta porque no tiene para pagar un contador.

¿Cuantas horas duermes? Si yo tuviera tu chamba no podría dormir de los nervios. ¿Comes a gusto? Por lo visto tus diputados, en un solo desayuno de una sola persona, se zampan comida con el costo equivalente a la comida de 7 días para una familia de dos adultos y dos niños, pero esos desayunos no los pagan los diputados porque están haciendo un servicio a la nación, aunque ganen más dinero en una quincena que lo que hace un obrero en un año, y no les cobren la gasolina, y les regalen coches y se los cambien una vez al año.

Esto provoca empresas carnívoras, transas, sucias por dentro pero limpias por fuera; esto produce ciudadanos cabrones, vivillos, justos y chingones por fuera, pero igual de corruptos que los demás; esto produce justicia selectiva, pendeja y sensacionalista, dispareja, persignada por fuera, igual de podrida por dentro que los demás.

Los mexicanos estamos unos contra los otros, en lugar de estar en contra del que hace que nos pisemos los talones, que nos rompamos la madre por el resultado de un partido de fútbol pendejo y que le metamos el pie al colega que es más productivo que nosotros.

Cada quien quiere jalar agua para su molino, y el más vivo, el más hijo de puta, es el que sobrevive, es la ley de la selva. ¿No le parece así señor presidente?

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