Tripas, corazón y bofe

Habiendo pedido dos de maciza y uno de cueritos, es que me puse a pensar cómo es que llegué aquí.

El taquero, rápido y efectivo corta los pedazos de carne que freía en la plancha de su carrito de tacos, me golpeaba con su cejona mirada de vez en vez, me miraba desde si cabeza gacha con curiosidad, haciendo como que ponía más atención a lo que hacía con su cuchillote que a lo que yo imaginaba mientras miraba al cielo.

– ¿Pos de donde viene joven?- Me preguntó al momento que acomodaba cuidadosamente un platito de plástico azul con un pedazo de papel café y cuadrado encima y hasta arriba tres grasientos tacos de carne y cueritos con un chingo de cebolla.

– Vengo regresando de un viaje don… – Respondí, mientras tomaba con los dos dedos de la mano izquierda uno de lo tacos y lo remojaba en el pequeño molcajete con salsa verde que tenía a un lado. – … fui a echarme un viaje al sur…-

– ¿Como para Chiapas? –
– Nop. Muchísimo más al sur-
– ¿Y que tal? Yo nunca he salido del país, pero el otro día conocí a unos gringos que me contaron que allá donde viven ya todos son comercios y no se puede caminar porque no hay donde y la madre…-
– Pues yo justo a eso fui señor, a caminar…- Y que le atasco una mordidota a mi primer taco en varias semanas. La salsa chorreó abundantemente por el otro lado del taco, así como su respectiva dosis de grasa, pero no me importó.

Rápidamente tomé una servilleta de papel y limpié lo que había escurrido por mi mano. Que curioso sentir algo que uno no esperaba extrañar después de haber estado mes y medio fuera de mi tierra. Pero nada se compara con haber estado allá.

– ¿Y fue de negocios o namás pa cotorrear joven?-
– Digamos que fue un viaje de exploración mi don, allá no pude hacer más que dejarme llevar, es lo mejor cuando uno está un lugar diferente, conoce gente de formas diferentes, todo es diferente…-
– A poco fue a…-
– Si – Le dije al tiempo que miraba hacia mi siguiente taco y suspiraba – ¿Sabe que don? Póngame los otros dos para llevar, no tengo tanta hambre.
– A la orden jovenazo! Son doce pesitos ¿Quiere que le de una bolsita de salsa?-
– Seguro –

Y así me fui a caminar hacia la casa que habría de definir mi infancia. Con una pequeña bolsita de plástico con dos tacos y salsa, la mirada melancólica apuntada hacia la Luna, y un pequeño nudo en el corazón apuntado hacia el sur…

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Un comentario en “Tripas, corazón y bofe

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