Espacio 25ºS

No llegó. Le estuve esperando muchas horas. El Sol apareció, calentó la pequeña banquita donde me encontraba sentado. Los coches atascaron las avenidas hora y media, mientras todos iban a la escuela o al trabajo. Mi brazo extendido sobre el respaldo de la banca solo se movía para dejarme probar un poco de ese delicioso café que se pone más rico cuando se enfría.

Algunas madres sin pareja se animaban a llevar las carreolas con sus hijos al pequeño parque jardín donde me encontraba. Algunas de ellas hablaban con otras como si fueran viejas amigas de la infancia, pero más bien creo yo que ese era el único lugar donde coincidían. Los heladeros y vendedores de dulces y frituras llegaron más tarde, los mimos y payasos se empezaron a congregar en el espacio donde está la fuente hasta el medio día. Hicieron su trabajo más o menos bien. Los oficinistas que atravesaban el pequeño parque tenían que atravesar por donde los payasos pululaban para poder ir a comer. Muchos de ellos terminaron siendo comidilla para los cutres payasitos de calle que al verlos se burlában de sus prisas y las largas zancadas con que caminan para aprovechar el corto tiempo para comer.

Para entonces yo ya disfrutaba del bullicio de los niños que van saliendo de la escuela, corren como si nada les doliera, con sus enormes mochilotas en la espalda, retacadas de pesados libros, todos olorosos a lápiz, a goma de borrar, a torta de frijoles con queso, a discreto pedo de torta de frijoles con queso, a caca de perro en sus zapatos, pero felices, sin ser afectados por toda la maraña de edificios y ridiculeces que los adultos construímos alrededor de nosotros.

El Sol dejó de estar en su apogeo. Los niños finalmente se aburrieron de jugar con el agua de la fuente; los payasos, cansados y no tan felices, contaban en su sombrero, en sus enormes bolsas, en sus enormes manos, las pocas monedas que lograron reunir en tan sólo dos horas y media de trabajo. Tendrían que esperar hasta la noche para volver a tener un público potencialmente cautivo.

Mi café ya estaba en mi panza y en mi torrente sanguíneo, retacando mi vejiga, estimulando ansiosamente mi pie izquierdo que bailaba nerviosamente sobre mi rodilla derecha. Pero no llegaba.

Me levanté un poco para estirarme. Demonios, los años ya empiezan a pesarme y mis rodillas se oxidaron un poco aquí en esta banquita.

Y entonces ahí estaba viéndome de no tan lejos; me vió con la cara deforme y los brazos estirados por un bostezo, esa fue la primera imágen que tuvo ella de mí; sonriendo se acercó y yo le saludé con ojos llorosos (siempre que bostezo me lloran), no sabíamos que decir, aún así me dió gusto saber que las fotos mentían, es mejor en vivo…

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Un comentario en “Espacio 25ºS

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