Dame…

Lo que más te guste… pero no me quites mi libertad amor mío, que es lo único por lo que puedo luchar ahora, cuando ya lo he dado todo, cuando me lo has quitado todo y me he quedado sin gracia, sin festejos. Cuando me pedís lo que no tengo me deja inalcanzablemente desolado, marchito, agujerado y angustiado.

Siempre me hablabas de ella como si fuera un ideal de tí, como si alguna vez salieras fuera de tu propia voz y angustia, como si ese reflejo que veías en el espejo fuera siempre mejor que tú, siempre mejor para mí, siempre lo que yo mismo quise ver antes siquiera de voltear hacia atrás.

Ya no quiero aprender, ya no quiero ver si las cosas se arman solas, no quiero que el tiempo diga lo que yo quiero decir ahorita; no quiero explotar, no quiero lastimarte pero tampoco quiero que estrujes más mi voluntad. No se… he escuchado historias truculentas sobre temas como el que sufro ahora mismo, y la verdad no me gustaría terminar tan falto de voluntad como para orillarme a mi mismo a pensar que esto es por mi bien… porque no lo es.

Te quiero pedir tu ausencia de regalo, que me premies con la falta de tu cuerpo y de tu recuerdo en mi memoria, que me azotes con tu desprecio que tanto anhelo, que la tibieza de tu cuerpo y la fiereza de tus celos se esfume en el vacío y y no sepa más de ti… pero amanece de nuevo y nada ha cambiado… estoy perdiendo el juego.


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