Chula

Hoy sin querer me golpeó el recuerdo de tu olor a pan, de la frescura de tus cabellos y lo delgado de tus manos. Ligero y violento, moreno y exacto, sencillo y moderno, tu cuerpo, unicornio de innumerables cazadores, arma letal contra corazones intranquilos en busca de la paz y de la querencia definitiva, acorralados por lavorágine de tus ires y venires por el mundo, de tus constantes y simples ganas de vivir, quien sabe para donde, sabrá dios con quien.

Sentí esa nostalgia del que descubre que el número ganador de la lotería solo difiere por un número con el que tenemos en la mano, la rabia del que pierde la última oportunidad de hacer lo que siempre había querido, el desengaño del que antes de abrir el paquete ha descubierto que sus ilusiones eran demasiadas, pues no hay regalo dentro.

Para entonces ya tenía la cabeza gacha sobre mi escritorio. Pero entonces recordé que estás lejos, del otro lado del mundo. Reconciliándote con tu autoestima y levantando un poco tu ego para regresar con más fuerzas a la tierra nuestra, purgatorio de muchos, a envejecer, a desgastarnos y descubrir que esta vida de acá parece tener menos significado… y entonces de hartarás de nuevo y huirás de nuevo y cada vez regresarás por menos tiempo y entonces ya no sabré de ti hasta que vea alguna esquela en algún periódico viejo y entienda que entonces ya no tengo nada por que esperar y podré al fin descansar, que ya no tengo nada más que hacer aquí…

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