Huevo…

El otro día, en un gualmar de la ciudad de Mexico, me formé en la fila para ordenar una de esas delicias que ofrecen en las cocinas económicas de algunos supermercados: huevitos al gusto, frijolitos refritos y jugo de naranja (me cai de madres que salibé). En realidad lo único que quería era echarle algo a la panza, así que iba más que dispuesto a sacrificar la “fresés” de un vips o peor aún, un sams, con tal de recordar un poquito el rancho donde mi abuela me preparaba ese delicioso manjar llamado “Frijoles Puercos”. Todo iba bien hasta que llegué a la caja para ordenar. Se me atravesó una señora de mala cara y buenos chamorros y de un empellón me apartó para ordenar unos huevos “al gusto” con frijolitos y no se que más.

Mientras pedía el desayuno buscaba no secqye cosa en su bolsita de piel, sostenía un celular con el hombro izquierdo y se peleaba con la señito (que me cai de madres que en su garete decía “Licha”) porque no le entendía que sus huevos “al gusto” eran con la salsa y las tortillas aparte.

Sale de la línea después de pagar con un billetote de quinientos y se va taconeando con fuerza hacia adentro del supermercado.

Y cuando avanzo para pedir, apenas abro la boca y me interrumpe una voz gruesa de mujer – pero apúrele que no tengo todo su tiempo!- y se volvió a ir taconeando fuerte.

Pedí unos huevos estrellados con frijolitos refritos y jugo de naranja, ah y un poco de tortillas. Me senté tranquiliba esperar mis huevitos y empecé a ver la escena más bizarra del día.

La ñora fresa chamorruda regresa y empieza a gritonearle a Doña Licha porque le dió sus huevitos y justo en ese momento se le reventó la yema… La seño se encargó por un buen rato de dejarle en claro a la doña lo inepta que era y que sus dotes de cocinera no iban a despegar si ni siquiera sabía cocinar un huevo.

La puso a que le hiciera otro, y los primeros pasos los supervisó celosamente para que no hubiera problema: “ni se le ocurra usar esa cuchara que ya tocó la otra comida de allá; limpiele bien ahí que dejó aceite del huevo anterior y luego no se calienta bien…” y cuanta mamada se le iba ocurriendo.

De pronto, se volvió a ir a la burguer. Doña Licha, muy molesta ya, nomás puso el platito de unicel sobre la repisa azul, y procedió a preparar mis huevitos.

La ñora regresó más encabronada aún e hizo a la doña abrir uno de esos botes de salsa embotellada para echarle a su desayuno. Lo abrió y quiso ponerle, pero la ñora le arrebató de un manazo el bote de salsa, alegando que podía hacerlo mal por su ineptitud. Y entonces volteó el bote y salió un chingo de salsa de puro sopetón.

-_-!

Pues que se encabrona más (y yo más me desesperaba porque ya tenía un chingo de hambre).

Pegó un manazo en la repisa y soltó un grito de frustración. Se fue casi casi corriendo y al llegar con un señor (creo yo su marido) éste se estiró para abrazarla y ella le tumbó al suelo de un chingadazo lo que traía en el otro brazo. El señor impávido solo atinó a ponerse a recoger todo del suelo y después a seguir a la ñora esa.

Chale… Lo que hace la menopausia.

PD. Los huevitos estaban bien pinche sabrosos, y los bañados en salsa estaban más.

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