Paco

Paco le decían, aunque muchos solo lo conocieron por pequeñas reuniones en la parte trasera de la casa, todos tenían una buena historia que contar sobre él y sus extrañas ocurrencias.

Era corpulento y bocón, pero tenía gran corazón, solía ser muy malo para jugar a las escondidas y era todo un maestro para sacar centavos de orejas de niños pequeños (especialmente si se llamaban “Candido”) y para encontrar botones perdidos y calcetines sin par.

Un día la lluvia lo tomó por sorpresa en la alberca y decidió quedarse a esperar a que terminara de llover. Así estuvo catorce horas. Con la humedad su cuerpo fue creciendo y su carisma con él.

Al otro día era ya todo un gigante azul que contaba historias graciosas sobre gatos vagabundos y narices perdidas en la campiña de las fetideces y los ruidos gaseosos. Hace muchos años que no lo veo, pero no puedo olvidar sus risas bobas al descubrir palabras nuevas y jugar con perritos nerviosos de ver su tamaño.

paco

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Un comentario en “Paco

  1. Jajaja la verdad no sé si lo entendí bien o no
    Y tampoco sé el porque me recordó a los dinosaurios esos pequeños que me compraba mi madre y los ponía en agua y crecían enormes y yo los veía tan reales que hasta platicaba con ellos jojojo

    Un beso

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