Recordancia

Post dedicado a Ross

El otro día estaba revisando un viejo disco duro que ya casi no funciona y descubrí muchos textos zoopencos y fotos mal tomadas y mal escaneadas de cuando estaba en los primeros semestres de la universidad (uuuu ya los estoy oyendo) y la neta la neta me sentí medio mal.

Como veinte kilos menos, era yo todo un retoño imberbe (de que no me crecía mucho la barba) en espera por descubrir el mundo y voltearlo de cabeza con sus ideas locas y la manda del muerto… Ajá… yea right!

Entonces me acordé de todas las pendejadas que hice en la universidad casi casi nomás porque no sabía que pedo.

Cuando estaba haciendo el examen de admisión, me tocó hacerlo con un grupo en el que también estaban varios ex compañeros de la prepa, pero uf que mamones andaban entonces. Yo acababa de salirme del tecnológico (porque estudiaba la carrera de Ingeniería Mecánica) y resulté ser todo un mozalbete con acento chilango, olor a garnacha y gustos por demás folclóricos (muy al ver de mis compañeros de salón) al que fácilmente podría despreciársele por no conoder el mundo.

O para acabar más pronto… un naco.

Un grupito de chavos y chavas buena onda platicaba en la puerta del salón, esperando a que se diera la hora del examen. Yo me senté cerca, en el suelo, a escucharlos.

– … o sea wey, no mames, es otra cultura caon. Acá le dices eso an chavo y te manda a la fregada, lo mejor son los antros we, todo otro mundo y ahi no hay weyes que te estén sabroseando y todos así bien respetuosos y buenísisisima onda pa…-

Uno de ellos la miraba mientras explicaba su viaje a Alemania, mientras otro reviraba con frases como “no we, en Francia es como parecido pero…” y todos se daban un tacaso tan choncho que hasta ganas me dieron de ir a tirarme a un pinche pozo y esperar a que me encuentren, ya todo cuajado y susurrante por la falta de aire y hacerme famoso por ser “el chico del pozo” al que heroicamente sacaron hecho una piltrafa y sobrevivió para ser uno más de los robots que salen de compras todos los fines de semana.

Durante el examen y durante la espera de los resultados, me sentí el idiota más idiota del universo, por no tener mundo, por no conocer Alemania, ni a algún aleman o alemana guapa. Vaya, ni siquiera conocía a nadie que viviera en USA o así como que más lejos. Pero mi revancha llegó dentro del sobre de resultados que fui a recojer quince días después. Salí re bien y pos me aceptaron con beca y así.

Un día de esos, cuando andaba mal en la clase de serigrafía (bueno… taller), se me ocurrió pedirle ayuda a un compañero que ya había puesto un taller de eso. Pedí la tarde completa para usar el taller, que por cierto te ponías bien pacheco porque tenía ventanas muy chiquitas, y me encerré con mi cuate para que me explicara bien como estaba el pedo.

Primero él hacía el trabajo, y luego me soltaba las cosas para volver a hacerlo yo. Estuve varias horas tratando de hacer sólo dos plastas de color (combinados pa que se vean bonitos) y hasta me pasé por mucho las hojas que necesitaba, hice cincuenta para de ahí seleccionar diez. Y ya noche, terminé justo a tiempo para regresarle las llaves del taller a Rosy, la secre de la dirección que nomás me estaba esperando para irse a echar su cafecito de las noches.

Al otro día, muy ufano llegué al taller, aún mareado por el encierro prolongado, y presenté mi trabajo de horas al profe. Todos lo hicieron al mismo tiempo así que el mío quedó encerrado entre la multitud de hojas que todos entregaron. El trabajo consistía en colocar dos plastas de colores diferentes, tocándose y con el mejor registro posible, derechitas y bien impresas, sin desfases ni mordidas. Y así lo entregué. Orgulloso me fui a casa y esperé la calificación.

Cuando regresó los trabajos, descubrí que hacer las cosas bien no sirve de mucho. A pesar de ser el mejor trabajo realizado y de plano ser el más original, no me saqué calificación aprobatoria. Me puso un cinco, un pinche cinco hasta mal escrito, todo feo, panzón y guango. Al tomarlo de las manos del profe me dijo – muy bien, dile al que te lo hizo que se sacó un diez por ser muy limpio -.

Hice el berrinche de mi vida, quise extender las manos y chisparle el buche al wey ese y darle de comer sus ojos a los buitres que tenía criando en la casa para ocasiones como ésta. Los “pero profe ora sí me esforcé para hacerlo bien…” y “… si quiere pregúntele a fulano o fulana que estuve aquí toda la tarde trabajando…” no funcionaron. Me mandó a la verga y a la salida tiré encabronado el trabajo a un bote de basura todo puerco. Grave error.

Y que me manda llamar la directora. Uuuta. Ahi voy todo indignado por haber sido bocabajeado y mangoneado. Pero no… no me hablaron para aclarar el pedo. Me enfrenté al sermón más largo en mi historia de universitario. Resulta que muy seguido pasa (porque sigue pasando) que los alumnitos que no gustan del taller, entregan alguna vez un trabajo mandado a hacer con alguien y cuando los descubren arman un pancho igualito al que justificadamente hice.

Expuse lo que pensaba cuando me dió oportunidad, pero se la sacaron conla onda de que no me vieron trabajar como tal, sólo saben que pedí el taller y que alguien más estaba conmigo, así que o me chingaba con mi cinco y le pedía una disculpa al profe (que hasta la fecha odio por haberse robado un diseño que hice para vender playeras de eso), y me tuve que chingar. Pero no me disculpé. Medio lo platiqué con él, pero la neta yo nomás quería hacerle eso lo de los ojos o cualquier otra cosa dolorosa. Ahí aprendí que le es muy difícil a la gente (y cuando digo “la gente” lo digo con odio) ver que gente que considera ordinaria, hace cosas extraordinarias de vez en cuando. Tengo amigos que de vez en cuando dicen “ahora sí me aplico en la escuela”, y cuando se aplican los mandan a la verga porque “no vaya a ser que se hayan copiado el examen y pos mejor le pongo un cero” y mamadas del calibre. Por ese tipo de cosas dejé de esforzarme en chingaderas que no me iban a dejar mucho provecho (como la serigrafía) porque simplemente no me gustan, y entonces podía clavarme en lo que realmente me gustaba… si pudiera recodar qué es lo que realmente me gustaba en ese entonces… pos me gustaba una chava, pero nunca me peló. Nah, que hueva me doy…

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Un comentario en “Recordancia

  1. Buah, ya sé malditos profes, como ellos son una piltrafa creen que ninguno de sus alumnos pueda lograr un excelente trabajo, pero pues al menos a ti si te pusieron un 5 feo, panzon y guango… pero a mi un simple y maldito cero, y si le digo cuanto pague por el me pone calificación, te juro que lo odio, me castra que personas pateticas se pongan a dudar de la capacidad de la gente y luego de nosotros que somos retequecreativos primooo…

    Gracias por levantarme el animo aquel día…

    y pues a todos nos pasa en algún momento….

    te quiero…

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