Lo volví a hacer…

(Por cierto hoy me agarró la maña de postear doble y pues bueno… no se pierdan el post de abajo!!)

Me metí a un restorán “nice” de esos a donde los chicos bien y las señoras copetonas se van a platicar cosas triviales y presumir sus engordadas billeteras. Al entrar, un fulano (que seguramente está mucho más jodido que yo) me miró de arriba a abajo y me preguntó “una persona señor?” “claro que sí” le respondí, aunque estuve a punto de soltar la expresión “a huevo!”, pero me contuve.

Me dejó escoger el lugar y así lo hice, justo en medio de todo mundo, en una mesa para cuatro personas y con mi mochilota negra a un lado y mi chamarra azul y fea desparramada sobre una de las sillas.

Y acá me tienen, escuchando los clásicos de Agustin Lara interpretados por un tenor de esos que nomás se desgañitan en esos eventos a los que seguramente los demás comensales están acostumbrados.

Cuando llega el mesero con lo que ordené, de inmediato quita los utensilios que no usaré y me coloca la servilleta en la pierna, con cuidado de no tocarme.

Es muy poquito esto que me sirvieron, a ver si pido otra cosa pa completar…

Ya… Pedí un gohan… Si, estoy en el sushi fresa ese (su chito)…

———

Ya me empezaron a enfadar las señoras que tengo a un lado… Que si el hijo dijo una mala palabra frente a la abuela… Que si la hija llegó toda borracha… Que si  aguantaron las nacadas de unos vatos… Que si a los hijos nomás los aguanta una hora y quince… Chaaaale!

Pobres niños han de crecer más chido con la nana y su amor forzado de madre potiza.

——–

En fin. Terminé de comer y de beber. Traía el dinero justo para pagar, pero mejor pasé la de débito y puse mi firma como gobernante del mundo que soy.

El ticket en mi bolsa, el iPod con música y la panza con comida, todo bien entonces. Salí del “Su Chito” y empecé a caminar sin rumbo… Unos cincuenta metros más adelante me detuve en seco a oler algo delicioso… Miré el letrero del local que decía “TORTAS PIERNUDAS”… No mames que rico olía!!! Rápido metí la mano a la bolsa para ver si “todavía me quedaba hambre”, pero el billete de veinte me contestó con su clásico “hasta crees cabrón…” y que se me quita el hambre… Entonces sin querer recordé al pinche ganso ese que dice “Recuerdame!” y que me como uno nomás del pinche coraje por no haber quedado satisfecho con una “comida” de ciento veintiocho pesos más propela…

Chiaaaaless!!

Atte Doncha

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