Hoy recordé…

… tus manos y tu aliento a café y galletas.

Me encantan tus tardes y tus dedos presionando pacientemente las teclas del ordenador. En esta orilla del mundo las cosas que llaman la atención no son las mismas que de tu lado. Esa taza con un café que rápido se enfría, al contrario de mis ojos al verte… porque me miento pensando que nunca has volteado a verme como yo a vos, y por eso pretendo olvidar rápidamente que donde pones un pie, iluminas…

Tus ojos con astigmatismo son los ojos con astigmatismo más bellos que he visto en mi vida, y sin embargo me incitan la curiosidad por hacerlos sonreír y mirarme, por tenerlos a menos de cuatro centímetros y medio de los míos y hacerme tu cíclope particular y no se que más… Tal vez alguna vez despertar y verlos ahí, mirando a las estrellas fujitivas de una moribunda noche a manos del amanecer rojizo en el desierto, sin más ropa que el viento, sin pudor, sin palabras…

Y no se… Nunca me has mirado así… O al menos no me he dado cuenta…

Sin embargo, con el tiempo y después de miles de miradas, de abrazos, de espacios y cafés en el suelo de tu cuarto… Junto a la lejanía y la melancolia que provoca… Con un café en el suelo de mi cuarto… A solas y con tu foto colgada de mis recuerdos, empiezo a deducir que siempre te amé, y lo sigo haciendo. No como para celar tu vida a solas con alguien, o imaginar seguido tu voz en mis anocheceres, o esperar siempre las galletas que no comes… Pero me encantan tus letras y tus caderas, la música que escuchas y el vaivén del lápiz en tus dedos, tu rapidez en hacer algunas cosas y la paciencia que le pones a tus pasiones, tu ir y venir de temas al platicar que a veces me confunde, tus ganas de mostrarme todo lo que te gusta y a veces lo que te preocupa.

Tus dibujos en mi disco duro, tus risas en mis oídos, el hecho de poder vivir sin ti pero extrañar con todas las entrañas un abrazo y una charla contigo.

Y extraño mucho de ti… Pero eso no es suficiente como para ir y robarte de tu mundo despistado y verde con bolitas rojas; no es suficiente como para vulnerar tus sueños y las hazañas que haces por cumplirlos; las tardes de descubrir rumbos nuevos para llegar a casa, aunque sea más tardado pero sí más interesante…

Ese aplauso final que se le da a los pies cansados al llegar a la cama, los anocheceres con mucho canto de grillos y pocos gritos de coches, un cono de helado de chocolate o napolitano, canciones de architecture in helsinki y un monísimo separador de libros, el café que a veces tomo por la noche y un poema de Cortazar escrito en una cartulinita… Eso te trae de vuelta de vez en cuando, aún de día, aún con mil cosas en la cabeza, aún así de lejos y aún así de lejanos…

Y regreso a tu sala, viéndote sin saber qué hacer más que seguir viendote… Y regreso a mis letras habituales sin saber más que recordar y escribir y vivir y sin poder dormir como el día de hoy…

Te quiero…

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