Mariachi

Pues el otro día, bueno, la otra noche, ya venía de regreso de la oficina y me surgió la necesidad de comprar una tarjeta para echarle crédito al celular, esa manía que tengo de hablar a tan gordas horas de la noche (¿porque siempre tienen que se altas?) y despertar a la gente para preguntarles “¿Estabas dormid@?” jejejeje.

Y pos bueno, iba y subiendo hacia el centro por la calle que me lleva a mi casa, cuando prendí las intermitentes para avisar al que me sigue que en pocos instantes después habré de detenerme… pero creo que al tipo no le importó y me siguió lo más cerca posible. Así que fui disminuyendo la velocidad poco a poco, pese a tus bocinazos y mentadas de madre, hasta que, a una velocidad segura me dispuse a detenerme a unos metros de un Seven Eleven.

Para mi sorpresa varios tipos vestidos de negro empezaron a seguirme corriendo cada vez más cerca de mi camioneta, al punto que podía verlo agitados por mi ventanilla, e incluso si estiraba el brazo podía darle se zapes al más cercano… pero de pronto empezó una lucha entre ellos y uno tuvo la agilidad de subirse a la tina de la camioneta de un brinco con un estuche negro agarrado de un brazo.

Ahí me empezó a atacar el pánico de mis pesadillas de otras vidas… *¡secuestradores!* pensé, pero justo un segundo después el que más cerca estaba, aún arriesgándose a pisarlo con mis llantas para terrenos agrestes, agitado empezó a gritar en abonos “¿va… a que… rer… ma… ria… chi?” y entonces me detuve en seco.

El idiota que estaba en la tina de mi camioneta (el que yo ya había olvidado por unos instantes al estar descifrando lo que me decía ese moreno individuo vestido de negro que corría a mi lado) al sentir el frenón intentó afianzarse de algo, pero tan pronto descubrió que no había donde, ya se había dado tremendo azote de puras nalgas al querer proteger el violín que traía en su estuche negro. Un ñor chaparrito vestido con un saco más grande que él y con un requinto llegó casi al final todo “bofeado” sin poder controlar el resollido de su forzada respiración y se unió a la bola que mi alrededor se formaba.

Al final, apagué la camioneta y con cara extrañada (pero sin poder disimular lo angustiante y luego gracioso de la situación) sólo atiné a decir “pus si nomás voy aquí al seven…” y les hice mi mueca esa de “ni modo mi chavo…”.

Justo cuando me escucharon decir eso ya había toda una orda de mariachis poniendo atención a mis palabras, y al saber que yo sólo quería el rico sentimiento de poder que da tener un celular con pila y con crédito, todos soltaron un grito de “aaahnomamesss!” al unísono y empezaron a burlarse los unos de los otros y echándose brea verbal. Al irse despejando la gente dejaron solo al ñor del requinto que todavía estaba recuperando el aliento mientras se sobaba las rodillas con el requinto recargado en la pared. Subió la mirada y vio a los mariachis panzones que se alejaban y luego a mí, esperando que todo hubiera sido puro vacilón y anduviera yo buscando en realidad un trío para musicalizar mi embriagada serenata a una ingrata güera escondida tras las cortinas de un balcón desconocido… pero no… nomás iba por tarjeta pal celular… pa colmo… no había.

Así que ni pedo, a recargar electrónicamente (me consta que así dura menos el pinche crédito)… al salir las miradas de todos los mariachis al subirme a la camioneta me pesaron en la nuca… pero ya no importaba…

*tiiiii… tiiiii… tiiiii… clic… bueno…?*

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