Barranco (2 de 3 para el día del padre)

Un golpe seco lo despertó sólo para darse cuenta que estaban a punto de salirse de la carretera…

¡… no prendan cerillos porque se está tirando la gasolina!

Y despertó de nuevo… ahora con el cuerpo todo golpeado y las piernas adormecidas.

La maestra que les acompañaba lucía desesperada y asustada. Ya estaba oscuro y el hotel prometido para llegar a descansar ahora se había transformado en el monte, al fondo de un barránco, con el sonido de las ranas y los grillos, y el correr de un pequeño arrollo que cruzaba a algunos metros de ahí.

Los insectos ya se habían adueñado del terreno con sangre que había quedado cuando un compañero se arrastró hasta una piedra, con una pierna rota y el rictus de dolor que le acompañaba, aunque le preocupaba menos su compañero que sus piernas adormecidas. Él no sabía que hacer, pero sabía que no se habían dado cuenta que ya estaba despierto. Como pudo tomó la puerta que ahora apuntaba hacia arriba y la empujó sin fuerzas dos veces… hasta que quiso pararse y se dió cuenta que no podía. Sus piernas dormidas no respondían y nada podía hacer para levantarse.

¡Ayuda! ¡Ayuda porfavor!

Una cara conocida se asomó por la ventana, jaló la puerta hacia arriba y le tendió la mano. Difícilmente pudieron entre los dos hacer que él saliera de esa combi volcada en medio de la sierra, con placas de Tlaxcala y varios profesores en cernes de regreso a casa.

*¿Qué paso?*

“Nos volcamos Tito, bien gacho mano, se nos atravezó un animal y Pepe no pudo esquivarlo”

Agitado, sudoroso y maltrecho se fué quedando dormido en la penumbra, mientras sus compañeros no sabían que hacer…

27 años después

Y entonces cuando desperté lo primero que hice fué preguntar si podía mandar un telegrama, pero ese pueblo era muy pequeño y lo más cercano a un telegrama era mandar recados con el señor que iba a otro pueblo cada ocho días.

Aun así, unas monjitas muy buena onda nos echaron la mano cuidándonos y dándonos de comer con lo que la gente del rancho les daba, pues se enteraron que eramos profes y decidieron echarnos la mano, jejeje que bueno que no se enteramos que éramos comunistas, porque nos hubieran corrido así como andábamos de amolados…


Y así continuó la historia hasta que llegamos a desayunar al Vips, desde donde estoy escribiendo parte de ésta… hace dos años, junto a un primo, mi mamá, mi hermano y yo… y saboreó un rico café y unos chilaquiles que no le gustaron tanto… sería el último día del padre que pasé con mi papá y fue un día como todos hasta entonces… con la confianza de tener un papá a quien pedir un buen consejo.

Te extraño papá…

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