Trasnochado… (1 de 3 para el día del padre)

… heme aquí crudo de desvelo, con el corazón agitado y constantes espasmos de sueño que me atiborran los ojos de huevonada… más bien cansancio.

No sabía que fuera tan difícil, pero aún así no lo es tanto.

Y así me tengo que aferrar a algún recuerdo bonito, a veces simplón o omedio cursi, pero tan valioso que me levanta, si no las fuerzas, sí un poco el ánimo.

El otro día fui a un lugar maravilloso, y estuve recordandote toda la velada. Miré los montes, escuché a los sapos, los grillos, el río cruzar entre un milenario barranco que antes era un valle, y que ahora aloja varias almas y la mía. Miro al cielo y ahi está tu recuerdo, miro a mi lado, y ahí están los ojos que me hicieron confiar en que existe algo más que sólo la vida…

Se deja venir una lluvia fina de la que todos corren, y yo no me escondo, ni reniego, ni descompongo mi hermosa velada acompañado a solas… me siento y me recargo sobre mis manos para respirar, platicar vagamente y escuchar esa música que me llena el alma y soñar que no te has ido…

El monte me recuerda tus pasos, las manos que llegaban a acariciar mi cabello en la noche, pero que hacían el mundo rendirse a sus palmas. El viento me recuerda tus silvidos, y tu voz, y tus canciones y tus miedos y tus fortunas… el agua que cayó me recordó el sudor de tu trabajo, tu temple y bravía, que peleabas con un gallo hasta cansarte, que tu cuerpo era una herramienta de tu alma, necesitada de esa sencillez y felicidad que tenía cuando te fuiste…

Y recuerdo que también el monte tomó de tí tanto como tú de él… y que vivías en comunión con los árboles y los insectos y la tierra. Que tu sangre corría con rapidez cuando respirabas lo que yo respiré ese día… que tus pies caminaban con gusto sobre la tierra, así, casi desnudos. Que tu gusto era correr, caminar, platicar, pensar, leer, escuchar, sentir y soñar.

Yo quería que estuvieras ahí, que sintieras, que volaras conmigo, que soñaras, que respiraras lo que yo… que buscaras detalles conmigo y desearas extender este tiempo hasta donde yo no se, pero sólo podía sentir tus ojos sobre mí…

Lentamente me doy cuenta que no estoy solo, que sentado aquí alguien me acompaña y que el monte no solo es para mí…

Pero siguió siendo mágico.

Te extraño papá.

Atte. Tu hijo

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