Los olvidados… III

… amaneció… como todos los días desde que empezó diciembre, frío y venteado. Un sol débil acariciaba los nubarrones que frente a él se cernían.

Un bulto amaneció en el monte, amarrado por todos lados, húmedo y tempranamente putrefacto gracias a la llovizna de la noche anterior. Aire ya no entraba en los pulmones de ese bulto, pero a cambio un olor extraño se apoderaba de la zona. Marcas de llantas de un coche mediano se alejaban desde ese lugar hasta perderse en la carretera que está a varios kilometros.

Julián dormía en un sillón, pero inconscientemente le agradaba escuchar el pitido de los aparatos alrededor de ella, lo que indicaba que aún vivía. Sus pies entrelazados se estiraban hasta las patas de la cama, y su chamarra negra de cuero le servía de cobertor improvisado.

Hector regresó a su casa con su mujer, pensativo, cansado y muy confundido… entró a la cocina y sacó una botella azul de la parte más alta de la alacena…

– Papi, no puedo dormir… algo pasó…-

Dijo una vocecita desde el refrigerador, a un lado de las escaleras.

– Regresa a tu cuarto mijo, es muy de madrugada como para que andes despierto-

Respondió desde la penumbra ocultando un vaso y la botella.

– Bueno…-

Miró el reloj. Eran las 4:25 de la madrugada. No tuvo el valor para entrar a la casa de su hermano a ver lo que había pasado. Un policía hacía guardia en su patrulla afuera de esa casa y prefirió no importunarlo ni incomodarse con preguntas sobre el paradero de Mario.

¿Porqué sentía esa opresión en el pecho? ¿Porqué no se podía tranquilizar ni con un vodka? ¿Porqué un niño se levanta a las cuatro de la mañana para decirle que algo pasó… algo malo…

En fin, no podría dormir el día de hoy hasta saber el paradero de su cuñado, y de los culpables de la golpiza de la mujer de él… Rosario.

– Al parecer la golpiza fué propinada por algunas personas, pero lo que nos llama la atención es que sólo hay rastros de piedras y no de forcejeo alguno u otro objeto contundente conocido. Así que debió ser un grupo de personas que la tomó por sorpresa y la arrojó al pequeño barranco donde la encontramos. La unidad ya la hemos recuperado, pero la lluvia de anoche pudo borrar casi todo rastro de lucha o de cualquier otra persona-

Dijo el agente a Julián… él asentía con la cabeza… pero ninguna expresión se podía adivinar en su rostro.

– ¿Cuándo podrán decirme si los encontraron o no?-

– No sabemos Licenciado Fernández, pero lo que sí le podemos asegurar es que todo este caso debe ser un ajuste de cuentas, una venganza, o incluso alguno de esos grupos radicales que persiguen gente hasta lograr matarla. Por fortuna su hermana corrió con suerte, pues pudieron asumir que estaba muerta, pero aún no damos con su marido… hay rastros de sangre en el coche de él, que seguramente tomaron los delincuentes para hacer de las suyas, pero pocos rastros de forcejeo, como dije hace rato. Lo más seguro es que, para la cantidad de sangre que encontramos, ya haya estado muy mal herido cuando lo subieron a la unidad…-

Una sonrisa discreta se dibujó en la cara de Julián…

(Continuará…)

Anuncios

Un comentario en “Los olvidados… III

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s