… levedad …

Caminando en la madrugada es que ve lo miserable que puede llegar a sentirse.

Las calles frías y oscuras no son nada placenteras cuando se tiene la miseria de esa forma. Sus zapatos ya no muestran rastros de querencia, sus manos callosas hace mucho tiempo que no tocan plata. Sólo ese cigarro que le despierta una mueca al encenderlo y que le calienta los pulmones mientras espera el camión.

Ya en el camión no contesta las preguntas del chofer, siempre son las mismas, y aunque sabe la respuesta, prefiere no contestar. Una plática a esa hora es más dolorosa que despertar en el frío. Prefiere, en el camino a su trabajo, mirar mientras da un millónde vueltas, las estrellas que se arrastran al lado contrario de donde salen esas nubes naranjas del amanecer.

El olor a metal, los rechinidos, la gasolina y un sinnúmero de sensaciones grises, frías y con más casualidad que la vida, le hacen pensar en que su universo es pequeño. Que la verdad no es más que algo que nunca habrá de conocerse, que sus ojos nunca verán el final de este cuento que nunca termina; que como quiera la infinita sencillez del latir de un corazón no es más que toda esa vastedad oscura que es el verdadero universo. Que las manos que tiene y el trabajo que han tenido sólo son un grano de arena en este mar.

candlenew.jpg

Con esa ideas pasó a un lado de una señora que vende tamales desde que él recuerda, y es desde hace ya más de cincuenta primaveras.

Su bigote desalineado no le importa mientras cruza la calle justo antes que pase la máquina barredora junto a la banqueta. El suéter que usa tiene más años que cualquiera de ss hijos, la llve de un candado viejo se balancea en uno de sus dedos.

Pesadamente abre la puerta y cuelga el candado en un gancho.

Esa rutina la ha hecho durante los últimos veinticinco años. Y lo hará hasta el último de sus días.

Al terminar el día, lleno de una falta de clientela que le acusa desde que empezaron las crisis económicas, él cierra todo y se va a casa. Un dolor en el corazón le apuñala durante el camino de regreso, con los bolsillos más vacíos que antes y el alma más quebrada que su propia cuenta de banco.

Ya no se preocupa por prender la caj registradora, ni el checador, no cualquier cosa que gaste electricidad.

Ya pasaron los años en que, optimistamente, tomaba el trapeador y empezaba a cantar mientras limpiaba el suelo de su tienda.

Ahora, llega a casa con una mirada sombría en la cara, manos nerviosas y ansiosas, ganas de fumar toda na cajetilla de cigarros, y una miseria que cada vez es menos y que sólo deja un dolor en la espalda que no deja dormir.

Siguiente día, se desperta en el frío y la platica en el camión nunca toma lugar. El candado en el gancho indica que está abierto, mas no así el flujo de la gente.

Siguiente día, se despierta en el frío y la platica en el camión no tomó lugar de nuevo. La señora de los tamales tiene gente amontonada pidiendo comida. Él mete la mano en la bolsa, y descubre que puede vivir con hambre, al menos por el día de hoy.

Siguiente día, se despierta en el frío y la plática en el camión ni siquiera empezó. El chofer ahora es nuevo, el anterior está grave tendido en cama, o al menos dijo ese jovenzuelo de incipiente barba y gustos musicales demasiado raros. Ver cuánto dinero se tiene en la bolsa para saber cuánta hambre se nos está permitido sentir es difícil. No tiene nada de hambre.

Siguiente día, un señor en el camión subó con un pollo rostizado en una bolsa. Olá a arroz y a frijoles, los cuales se contenían revueltos en otra bolsa que cargaba en la otra mano. Todos empezaron a respingar de inmediato. Él no podía resistir el olor.

Siguiente día, un tipo mal encarado entra a la tienda. Sale quince minutos después con una bolsa llena de mercancía.

Él ahora tiene algo de dinero… pero se fué más rápido de lo que llegó.

Siguiente día… él amanece sentado debajo de la repisa con los ojos fijos en el infinito. No se mueve y ya nunca lo hará. Habían pasado veinticinco años, tres meses, cuatro días y cinco horas desde que había terminado de pensar, después de una noche en vela, cuál sería su siguiente paso pra hacerse de un buen trabajo que le diera pra vivir como quería… en algún lugar en el camino se dió cuenta que había errado el camino… pero… le ganó la levedad…

Que jodido es el tiempo… que jodido es el universo…

Anuncios

Un comentario en “… levedad …

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s