Ausencia…

Y sigo trabajando acá… sí estoy, pero no al cien por ciento. Mis ratos libres son tan pocos últimamente que simplemente no he podido regresar a las letras, a las fiestas, a las parrandas nocturnas donde los amigos simplemente nos cubren de cerveza al calor de los acordes de una rola rockanrolera del bar de turno.

Tampoco he podido volver a las noches iluminadas de naranja en aquellos lugares de dudosa reputación donde el flujo de dinero sólo se compara con el flujo de otras cosas menos frías y sí más agradables. He tenido que estar dentro de mi capullo trabajoso donde me refugio cada que no tengo voluntad suficiente como para mover mi cansado cuerpo. Es una cueva poco iluminada en la que coloco mis codos sobre el escritorio y apoyo mi cabeza contra las manos que la envuelven. Sencillamente aburrido…

Toda esa parafernalia con estolas de plumas, lentes enormes, minifaldas que más bien son maxi cinturones y las pelucas de colores que hasta se antoja acompañarlas de un bote de chamoy o masticarles como chicle.

El humo de mis cigarros atiborraría mis pulmones y los de los que osen atravezar por es puerta. La televisión no sintonizaría más que canales de telemercadeo donde venden chingaderas no para bajar de peso (que flojera bajar de peso), sino para parecer más esbelto y bello y joven y demás cosas.

Tampoco he tenido que ofrecer grandes cantidades de dinero por un pequeño sobre de placer repartido al mejor postor en gramos, que habré de aspirar como el vital aire que infla mis pulmones…

Lo he dejado todo…

Bueno, la neta es que nada es cierto… me he quedado a chambear hasta tarde desde las últimas dos semanas y ya siento que me estoy pirando de la choya  pero gacho gacho garnacho… lo bueno es que uno trabaja por algo ¿no?… ¿o no?

Chale… más bien extraño ponerme a ver las caricaturas en la mañana mientras me como mi cereal a las 10 de la mañana y los que recogen la basura me ven salir aún en chanclas para darles en monedas de cincuenta centavos “ahiloquegustecooperarrr”. Lo que sí me cuaja es cuando llega el del garrafón del agua y se tiene que meter  mi casa a ver todo el reguero que he dejado del desayuno por hacerme mis famosísimos huevos motuleños (que no son más que huevos medio revueltos con salsa de la del bote).

Pero lo que más extraño es andar en pijama todo el día. Eso de ser desempleado y vivir en casa de mi madre como que es algo que nomás no deja de gustarme… pero no, se tiene que ganar uno la papa (aunque sea una papa del tamaño de un limón).

Pa todos los que se ganan la papa como yo y extrañan eso de convertirse en un costal de papas de a poquito, sólo me queda decirles una cosa…

¡YA LEVANTENSE HUEVONES Y PONGANSE A CHAMBEAR!

jo jo jo jo

(que ‘mepasao)

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