Anocheceres…

Tal vez demos demasiada importancia a la forma o al ánimo en que despertemos todos los días. Sin querer, vamos por toda la mañana y parte de la tarde con una jeta que simplemente puede decir “atrás o muerdo!”. Pero sin saber que, al final del día, sin esperarlo, es más, tal vez sin siquiera ser conscientes de eso, terminamos doblando nuestra pesada humanidad hasta un simple y cuadrilátero colchón… escenario de abrazos y caricias otorgadas al más sencillo postor, que por lo general está justo a dos centímetros de nuestro aliento… o tal vez no… depende si la noche es fría o caliente, según los brazos que nos acompañen (casi siempre no menos de dos).

Y si, dormir de ladito, de panza pa abajo, pa arriba, tres cuartos, despatarrao, de huevito, cucharita, cucharón, y todas las posiciones habidas y por haber para el buen dormir, todas son deliciosas… aunque eso también lo condiciona el colchón.

Cuando nuestras humanidades se desparraman en un delicioso colchón (bueno, hay humanidades que tienen que hacer el sacrificio de usar uno todo boludo) es cuando podemos adivinar las buenas o malas costumbres de nuestros queridos espiados (o en este caso, compañeros). Hay quienes se encueran, hay quienes se ponen más ropa, o quienes sólo visten un calzón y calcetines, o solo un gorrito, o chanza una sudadera; unos se echan talco, otros pedos…

Y en ese alucine barato que es empezar el consabido ritual de hacer la meme, pocos realmente le dan importancia al ánimo con que terminan el día. Muchos se van con preocupaciones en la cabeza, tantas que no pueden pegar ojo hasta ya entrada la noche. Otros realmente les vale un gorro lo que haya pasado en el día, simplemente se desconectan y no vuelven a agarrar el ondón hasta el otro día camino a la escuela, trabajo o que se yo.

Pero un consejo procuro dar siempre que puedo, y uno de eso es este:

Siempre hagan un inventario o lista de lo que hicieron el día de hoy, lo de provecho, lo de hueva y lo neutral. Digan para qué sirvió tal o cual cosa, ya sea hacerla o dejar de hacerla y búsquenle puntos positivos a su día. Si tienen un problema, procuren no dormir (si es que el cansancio les permite) hasta que haya pensado en todas las posibles soluciones para su problema.

Si su problema es que tienen muchos problemas, pues empiecen por el más sencillo: organizarse y buscar la forma de establecer una jerarquía entre ellos; una vez pensado eso, pueden empezar a solucionar desde la cama y desde un día antes, su problema más sencillo, y luego uno más difícil, y sí se van.

Ya podrán dormir más tranquilos, y si se puede, hasta más cómodos. Una mente tranquila es una mente habilitada para pensar claramente. Si no encuentran soluciones posibles, pueden experimentar y dormir pensando en las soluciones al problema (no en el problema en si, pues eso provoca más ansiedad) y dejar que su mente vuele soñando alrededor de esa búsqueda. Se sorprenderán si lo practican seguido.

Otra cosa, siempre duerman con papel y lápiz a la mano, a un lado de la cama. Muchas buenas ideas pueden llegar entre el lapso que dormimos y despertamos.

Un abrazo a todos!! Feliz año 2008!!

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