Ya te caché

Si. Ya supe como le hiciste.

No fue en el “Mall”, osea, no fue en la tienda donde compré ese aparato que me sirve pa chambear y pa divertirme mientras no tengo nada que hacer. Ni tampoco cuando comimos comida “mexicana” en ese lugar donde todos se quieren sentir gringos comiendo hamburguesas del “Carls” o de “McDonald’s”.

Tampoco pudiste aventarte cuando nos metimos a “Sanborns” a babear por las películas  a mitad de precio, o por las muchachonas que aparecen en las revistas para viejos, o por los coches que aparecen en las revistas para viejos.

Mucho menos lo hiciste cuando, en un gesto de buena onda y chidez, me disparaste un helado de esos que de plano ya no caben en la panza, pero sirven pal “desempance”. Chale, ni siquiera terminabas de planearlo, pues todo lo que te había dicho como que dejaba la idea de que la lana me sobraba, total, la herencia de mi papá me iba a alivianar… o al menos eso pensaste. No sabías que mi papá no dejó herencia, que su pensión está congelada, que mi mamá gana poco y que mi hermano no trabaja, que la plaza de mi papá se la están coyoteando unos buitres sindicalistas vestidos de trajes baratos y corbatas ridículas. Tampoco sabías que el dinero de esa tarjeta era el único dinero con el que contaba mi familia para cuando yo regresara… sólo te dí la perspectiva optimista de alguien que se aferra a las pocas cosas buenas de la vida que me quedaban…

Y si me dí cuenta cuando viste de reojo cuando tecleaba mi NIP, y que indiscretamente miraste el saldo que le quedaba a mi tarjeta.  Pero no te dije nada porque, aunque sea extraño, te estimo y te tengo confianza… bueno… ya no.

Nos fuimos a mi depa, con las panzas llenas de comida y los egos elevados hasta el infinito, tú con tu playera nueva super putísima de color rosa chingamelapupila clarito, y yo con mi flamante tableta gráfica con la que me acostumbré a trabajar para afinar más mis diseños.

Al llegar, tuviste tiempo suficiente para tomar mi cartera, pues mis períodos en el baño duran lo que el artículo del nuevo VW GTI o el análisis del nuevo Nissan Sentra, de la revista de coches que compré hace dos semanas. Mi cartera la dejé a la vista, a un lado del monitor de mi computadora.

Y no tomaste los billetes de quinientos pesos que tenía en la cartera, destinados a pagar la gasolina y casetas del viaje de regreso, y tampoco tomaste la tarjeta de débito HSBC, pues no sabías si tenía saldo, la clave, o para que la usaba. Tampoco te llevaste la cartera, ni mucho menos mis credenciales… te llevaste mi tarjeta, de la única que podrías no dejas rastro alguno hasta que alguien se diera cuenta de la falta, cuando ya fuera demasiado tarde. Te fuiste alegando encontrarte con una amiga para ir a pasear. Desconozco si te fuiste con ella o no.

Pero cometiste un error. Te comían las ganas de sacar algo de eso, sí. Ahora lo se, pues la bolsa de Liverpool en la foto que te tomaste con mi cámara te delata. Y yo que dudé en prestarte la cámara (que me costó un huevo comprar), pero en un pensamiento rápido de solidaridad y agradecimiento por acompañarme en este doloroso y pesado viaje, decidí dejarte usarla para tu diversión, como quiera ya te había dado unas pequeñas clases mientras estábamos en el “Mall”. Y andabas con tu amiga, ¿No es así? Entonces, ¿Porqué no le tomaste ninguna foto? ¿No era alguien a quien no veías desde hace un tiempo?

Aún así, me quedé en mi departamento con la idea de que mi primo postizo era una gran persona, que hacía el bien de forma desinteresada y más por un antiguo amigo de la secundaria… ya habías sacado todo el dinero de mi cuenta para entonces.

Toda la tarde la perdí haciendo dibujos con mi nuevo juguete. De verdad me sentía dichoso. Y más lo sentí cuando llegaste y nos invitaste a cenar a mi amiga Blanca y a mi. Y no nos fuimos a cualquier puesto de tacos, ¡no! Llegamos al “Chilis”. Y tú, todavía para rematar el cuadro, nos disparaste la cena, completita, con todo y refrescos y todo lo que una cena decente tiene.

Me sorprendió que quisieras pagar todo lo que cenamos, pues se hizo una cuentota. En fin. En la noche, antes de dormir, agradecí a Dios tener gente que me quiere tanto y hace tanto por mí en tiempos difíciles… ajá.

Al otro día en la madrugada descubrí, demasiado tarde, que en mi cartera no estaba mi tarjeta de débito, justo antes de querer sacar dinero para prevenir cualquier inconveniente en el viaje. Estoy cien por ciento seguro que yo tenía esa tarjeta, esta vez fue diferente, pues yo la cuidaba como si fuera de oro, pues contenía dinero que me costó sudor y sangre ahorrar.

Me aventé a hacer el viaje de regreso contigo, y con la pinche idea de todavía poder recuperar mi dinerito.

Que iluso fui, pues una semana después de tu infame robo a tu primo postizo, es cuando me doy cuenta que no pudo haber ratero que me robara la cartera y no se la llevara, con todo y tarjeta y los mil quinientos pesos que en ella guardaba…

Ya te caché cabrón… no soy tonto… porque cuando uno estima a alguien y le dice primo postizo, le da toda su confianza y no espera una traición de ese vuelo, y a espaldas de uno.

Vi las fotos  hace unos minutos, la bolsa de Liverpool con la que sales delata  tu crimen, pues los registros del banco dicen que hubo una transacción en Liverpool ese sábado por la tarde… yo nunca compro en esas pinches tiendas de hueva… solo tú, con tu playera de putísimo color rosa super joto…

Rusvelt Rocha… ya no eres mi primo, y si te vuelvo a ver, me aseguraré de que sientas en carne propia lo que sentí. Ojalá se te muera tu papá, te retengan y jinetién la pensión que dejó para ti y para tu jefa, te deprimas, dejes tu chamba, tu depa nuevo, tus nuevos amigos, tu nueva vida, hagan paro las oficinas donde tienes que hacer los trámites de la muerte de tu papá, te jodas una buena chinga manejando a un lugar que no conocer (4 veces) nomás por ir por papeles que te pudieron haber pedido desde un principio, te gastes los pocos ahorros que tienes el colchón en pagar pedos de papeleo para tu papá, te digan mamada y media de palabras huecas que no te sirven de mucho para mitigar el dolor de la muerte de tu papá, y pienses que la vida es una mierda por el pinche sistema que los mismos mexicanos hicimos para hacernos sufrir… y después de todo eso, alguien que considerabas de tu familia, te robe todo el dinero que te quedaba y de paso le compre una bonita blusa a su carnala chichona que bien se lo merece…

Rusvelt Rocha… te desprecio… has hecho algo que no tiene perdón de Dios con alguien que te quería bien. Eres un puto sacatón y mala leche. Ojalá se te pudra el corazón. Ojalá se te pudra el cerebro. Ojalá algún día estés en mi situación… nomás pa que veas lo que se siente.

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7 comentarios en “Ya te caché

  1. Chale, eso es estar ardido y no chingaderas.
    Pero compa, es lana y recuerda que ladrón que roba a ladrón… ¡se lleva un lanonón!

    Pero si vas a echar pestes, nada mas a Rusvelt, con los demás no te metas. ¡Saludos!

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