nerd en cabaret … (3)

… de su brazo, pero no pudo más que arrastrar unas cuantas palabras antes de ser arrojado sobre una aguada cama que olía a toda clase de fluidos humanos. Total, una noche de cigarro nos permite dejar de angustiarnos por los olores, sobre todo si se trata de pasar una noche romántica como nunca en la vida.

Ella, en tiempo récord para una mujer de casi cien kilos, desvistióse a la carrera para ir a detener a aquel joven de apariencia rara que se caía de borracho. Los tiernos y ebrios ojos de él le recordaban a un pariente lejano con el que tuvo alguna querencia frustrada hace muchas primaveras. Ésta era su noche, no iba a irse adormir sin algo de acción, y él, que dispuesto estaba a cualquier cosa gracias a la valentía idiota de los alcoholes que circulaban por su sangre, no hacía más que admirarla y pensar en la clase, el porte y la agradable charla de tal mujer.

Una luz roja quedó prendida en el derruido cuarto, la mancha de humedad en el techo y las paredes se hizo invisible, así como los cuerpos… y solo quedaron los olores y las sensaciones, un mareo y taquicardia que acompañan estos conocidos arranques… total, ésta era la noche y nada iba a cambiarlo… ni siquiera una avanzada borrachera de esas que hacen lucir abandonado de la cordura y lo que los hipócritas llaman “las buenas costumbres”.

La escena sería adornada por una excelsa interpretación de una canción de Paquita la del Barrio, a cargo de los músicos del cabaret que estaba justo a un lado del cuartucho en el que se encontraban.

Torpemente, y con escalas en donde el aliento se puede recuperar, acostumbrados a la comodidad de un sillón para TV o una silla para computadora y donde la juventud o la experiencia no sirvieron de mucho, los dos cuerpos fueron acostumbrándose uno al otro, sin siquiera pensarlo y en sencillos pasos:

1. Abrazo de oso, él… de lagartija.

2. Beso francés, ella… de morsa…

… Y así hasta que el sudor en la cama se hizo charco y el olor a mugre más evidente… bueno, en realidad hubiera sido bueno seguir mintiendo un poco más, y decir que la velada terminó hasta la mañana siguiente, que las dos almas se unieron sin restricciones hasta que la Luna dejó a los dos amantes en manos del sencillo rayo del sol; que despertando a la incomodidad de un cuarto, una cama y un momento compartido es como los dos dirían adiós esperando no verse nunca más… hasta que vuelva a anochecer.

Pero no fue así, ella sentada en un viejo sillón admiraba cómo el casi adolescente ese que la repudiaba hace algunas horas, yacía tendido sobre la cama, boca abajo y con la cabeza fuera del colchón, dejando caer un hilo de saliba sobre sus propios lentes que colgaban de las orejas. Su pantalón a medio desabrochar delataba los últimos momentos semi conscientes del tipo, a expensas del horrorosamente posible encuentro con una noche desastrosa de amar a ciegas. Ella decidió quedarse ahí y fumarse los últimos tres cigarros de la cajetilla, desnuda ante la luz de la luna y uno que otro vecino fisgón que imagina mejores carnes a la lejanía.

En fin… no era la primera vez que su romeo de turno se quedaba dormido, habría pasado por eso tantas veces que no recuerda.

La banda se despidió, los músicos empezaron aguardar sus instrumentos y la gente a volver a la aburrida normalidad de la vida diaria, tan plana y gris que regresar a ese lugar a la siguiente noche o fin de semana, se vuelve esencial. Una patrulla circulaba frente a la entrada del cabaret. Dos perros callejeros hacían de las suyas frente a una paletería, mientras un borracho acostado en la farmacia de un lado dormía acostado de panza sobre la banqueta, un par de enamorados tenían los vidrios del coche empañados a la oscuridad de un temido callejón. Todo estaba como siempre, tranquilo, oscuro y sin mucho que hacer más que pasar una velada romántica con quien se deje, total, al final de la noche, el que termina durmiendo solo a pesar de sus esfuerzos, aún le falta mucho por aprender.

De regreso al cuarto, ella decidió meterse desnuda a la cama y gozar el estar abrazada de un jovencito de edad incierta que no deja de babear mientras reposa su inconsciente borrachera. Lo que hace la soledad…

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Un comentario en “nerd en cabaret … (3)

  1. de verdad que es excelente este relato, cuento o vivencia (lo que aplique jajaja!!!) ta con ganas ALfred!!! sigue escribiendo que me encanta leerte
    besotesss!!

    poka

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