Mil veces chale!

•Noviembre 14, 2009 • Dejar un comentario

Abro mi iTunes Store y esto es lo que me sugiere pa comprar la chingadera:sugerencias

 

El “Tigrillo Palma”, el otro día me puso un álbum de Paulina Rubio ahí en la jeta, también tiene el descaro de ponerme rolas de los mismos fulanitos y fulanitas que llevan cantando desde hace un chingo de años, que empezaron en grupillos como Kabá o Magneto o Jeans (bueno, al menos una de ellas se encueró para una revista para “caballeros”), pero que nunca han tenido realmente una canción buena y namás sobresalen porque tienen un cuerpazo o que se yo.

El otro día estaba viendo también las sugerencias que me ponen en el Front Row de música nueva en preview y pos resulta que dos rolas se parecían un chingo, por supuesto que estaba esa rola mamona de Shakira (que entre más la veo más se me antoja ella y menos su música) de la lobita no se que, pero esas dos rolas en particular tenían el mismo ritmo, los mismos tonos y acordes, casi la misma secuencia de percusiones (sintéticas por supuesto), namás que una era de una monita mexicana que ahora es solista, y el otro era de un grupito gringo de esos de moda. Las dos rolas estaban casi idénticas, pero la gringa se escuchaba con muchísimo más feeling y arreglos acá chiditos.

No está chido que estos monos pretendan que, por ser Mexicanos, nomás nos gusta escuchar a Paulina Rubio, a Vicente Fernández, a la banda Kapaz de la Sierra o el último sencillo de Pepe Aguilar cantandole a amores perdidos baladescos (no como su apá, que en paz descanse que era todo un toro bravo e indomable). Lo peor es que luego me pongo a leer los reviews de los tipos que bajan los discos (o solamente los sencillos, que hueva me dan) y neta neta ponen puuras pendejadas. “N l k paza ez que io loz vi una ves kantandu y ci cantan de berdad” “…pinches nacos no saben lo que es música ARRIBA EL DEATH METAL CULEROS!” y así…

No digo que luego se pongan a hacerle como el youtube, que si te suscribes, cada que entras te bombardean con lo que siempre buscas, en lugar de colocarte contenido original nunca antes vistos sobre cualquier tema en general. A todos nos cuesta un chingo de trabajo ponernos a escuchar otro grupo musical que no hayamos escuchado, mucho menos comprar un album antiguo de un artista que no conozcamos.

Lo he hecho, he comprado películas que nunca he visto, discos que nunca he escuchado, libros de los que no conozco al autor… que se yo. Me he encontrado con muy buenas sorpresas, pero eso no siempre. En fin.

La idea aquí es que estaría bueno que de vez en cuando nos salgamos de lo que conocemos y siempre hemos percibido, y cambiarlo por algo nuevo, desconocido; volver a sentir esas mariposas en el estómago que da abrir un regalo que no conoceremos hasta abrir la caja.

¿Porqué siempre los cholos escuchan musica de cholos? ¿Porqué los rancheros siempre escúchan música de rancheros? ¿Y entonces los que tratamos de escuchar de todo que somos?

Somos unos engendros de satanás… diría mi abuela. jo jo

Chamagosos y chamagosos cool

•Octubre 27, 2009 • 1 comentario

El otro día estaba leyendo un post de un blog de un wey que se roba las lechitas que te dan para tu café en el vips para usarlas en su té de yerbabuena (que no es hierbabuena?) y me acordé de un chingo de cosas que me han pasado en restoranes así fresones y lugares fresones donde va uno a comer.

Un día, en uno de esos viajes de la escuela en que todos están que se comen las manos de ansiedad por ir a bobear en los aparadores de un centro comercial de esos enormes donde los ricos van y se surten de pendejadas, terminamos en Plaza Santa Fé. Los más jodidos pos nos fuimos a comer a uno de esos negocios donde venden comida cara, chafa y escasa, no como los que llevaban dinero que terminaron comiendo en lugares carísimos, medio ricos, y escasos.

Comí unos escasamente ricos maquis, acompañados con una deuda en mi tarjeta y un hoyo en mi estómago, al igual que mis otros compañeros pobres. Después de la “comilona” nos sentamos en una banca cerca del áre de comida a reposar la comida, justo como siempre lo hacíamos después de una buena torta con refresco, pero ahora sin la panza llena y el corazón en descontento.

Nuestras ropas grisáceas contrastaban con lo colorido de los vestidos de las muchachonas que en verano iban a hacer su shopping en minifalda, al igual que con la ropa de los muchchones, que con sus camisas rosa puñetero y sus pantalones pegados a las nalgas namás nos hacían sentir cada vez más pobres, incultos, sin estilo y además feos.

Y así estábamos admirando la belleza que caminaba frente a nosotros, cuando una figura gorda y chaparra se nos atravesó, vestida de azul, con una gorrita debajo de un brazo y con un garrote negro con mango en el otro (acá les dicen macanas).

- “A ver pinche bola de vagos ya les he dicho que no vengan acá a echar moscas!”

- he! pérese señito si nosotros acá venimos a comer y des…

- Ni madres dije! órale jálenle pa afuera!

Y que nos corre a la chingada ¬¬

Como se ve que como te ven te tratan.

Pos ya después decidimos ir a comprar discos con nuestra ya decadente cartera, pero entramos por otro lado al lugar, justo por donde está una tienda muy fresa donde venden muchas cosas, como revistas, cds, ropa y hasta hacen de comer. A la mitad de la zona de revistas estaba un vagabundo enorme, peludo, más mugroso que el asiento de chofer de transporte público, descalso y con unas rastas de mugre que se le escurrían por la espalda y por la barba.

Sorprendido me le acerqué discretamente y me puse a simular leer a su lado.

Sostenía una revista de arquitectura y diseño y la veía detenidamente mientras se acariciaba la grasosa barba.

Cuando me acerco lo suficiente como para detenerme en el límite exterior de su campo de fuerza apestoso, levanta una ceja y me mira con ojos despectivos  para después bufar moviendo sus bigotes, como cuando un gorila ahuyenta a algún coterráneo intruso en su espacio vital.

- “Señorrr… le vamos a pedir que—”

Empezó la frase uno de los monitos uniformados esos que te atienden cuando pareces perdido.

- Me llevo esta revista por favor.

Dijo el vagabundo en un español algo fingido de amabilidad, mientras blandía un billete nuevo de cincuenta pesos. El monito abrió caja y le envolvió la revista en una de esas bolsas rosas de plástico donde te dan tus compras.

Ví al vagabundo caminar tranquilo hacia afuera de la tienda, mientras abría la bolsita para seguir hojeando su revistota de cuarenta y cinco pesotes mientras se rascaba los pies sentado en la acera.

Que chingón ¿no?

Dame…

•Octubre 25, 2009 • 1 comentario

Lo que más te guste… pero no me quites mi libertad amor mío, que es lo único por lo que puedo luchar ahora, cuando ya lo he dado todo, cuando me lo has quitado todo y me he quedado sin gracia, sin festejos. Cuando me pedís lo que no tengo me deja inalcanzablemente desolado, marchito, agujerado y angustiado.

Siempre me hablabas de ella como si fuera un ideal de tí, como si alguna vez salieras fuera de tu propia voz y angustia, como si ese reflejo que veías en el espejo fuera siempre mejor que tú, siempre mejor para mí, siempre lo que yo mismo quise ver antes siquiera de voltear hacia atrás.

Ya no quiero aprender, ya no quiero ver si las cosas se arman solas, no quiero que el tiempo diga lo que yo quiero decir ahorita; no quiero explotar, no quiero lastimarte pero tampoco quiero que estrujes más mi voluntad. No se… he escuchado historias truculentas sobre temas como el que sufro ahora mismo, y la verdad no me gustaría terminar tan falto de voluntad como para orillarme a mi mismo a pensar que esto es por mi bien… porque no lo es.

Te quiero pedir tu ausencia de regalo, que me premies con la falta de tu cuerpo y de tu recuerdo en mi memoria, que me azotes con tu desprecio que tanto anhelo, que la tibieza de tu cuerpo y la fiereza de tus celos se esfume en el vacío y y no sepa más de ti… pero amanece de nuevo y nada ha cambiado… estoy perdiendo el juego.


Lo que no se dice

•Octubre 6, 2009 • Dejar un comentario

Hola hola queridos animalitos de la creación. Es para mí un honor estar de vuelta en forma de letras dentro de su cabecita imaginativa, creativa y llena de neuronas sin utilizar (como en mi caso). Ahora es un tiempo un tanto raro pues se me han presentado unos flashbacks bien cabrones últimamente, casi todos detonados por la catarsis que me provoca la fecha cercana del aniversario de la muerte de mi padre, que fue hace dos años (wow ahora mismo me doy cuenta que tengo un poco más de dos años escribiendo en este blog).

En fin. Resulta que me estaba acordando de la primaria, la pequeña escuelita donde terminé estudiando los años que me restaban por terminar la primaria, después de una infancia llena de mudanzas y la falta de mi madre por las dificultades que le provocó el nacimiento problemático de mi problemático hermano, aunque ahora es todo un pan con nata el muchacho.

Recordé sin querer todos los problemas que tuve en esa horrenda escuela donde “el mejor maestro” era un hijo de puta que le decía gordas a mis compañeras e imbéciles o inútiles a mí y a mis compañeros. Era como la antítesis del bonachón gordito bigotón, pues este era un cabrón flaco de ojos saltones y peinado de “dumb and dumber” (el que hace Jim Carrey).

Este cabrón nos pedía rollos de papel para el baño, dos al mes, para que nosotros tuviéramos con qué limpiarnos la cola después de ir al trono, pero da la casualidad que ni siquiera nos dejaba ir al baño. Es más, un día tuve que convertir la manga de mi suéter en receptor de mocos porque el hijo de la chingada no me quiso dar dos cuadritos de los rollos de papel que llevé, para sonarme la nariz. Además de eso, a mi mamá de le ocurrió ir a comprarme de ese papel de baño que lo hacen con billetes de dolar, por lo pinche caro que está, huele bonito y se siente bonito, pero nunca lo sentí ni lo olí porque mi mamá lo compró namás para eso, para llevarlo a la escuela y que no vieran que éramos unos rotos jodidos que sólo comprábamos papel de lija para limpiarnos el culo, porque solo para eso nos alcanzaba ¬¬ .

Ese profe nos empezó a enseñar de las peores actitudes que se le pueden enseñar a un niño de poca edad, como tirarle mierda a todo lo que se nos atraviese, bueno en sentido figurado. También estaba chido agarrar a las pequeñas mujercitas del salón a comprarle refrescos o panquecitos con gotas de chocolate, haciéndonos misóginos desde los diez años.

Otra cosa que no estaba chida, ni mucho menos divertida, era que se la pasaba tirándole la onda a la maestra de educación física. Era todo un Don Juan frustrado, aunque el tipo ni tuviera hijos o esposa, a sus ya casi cincuenta años y sus calva que solía envolver con cabello crecido de un lado como si fuera queso oaxaca, no cejaba en el intento por llevarse a su “rinconcito del amor” (como alguna vez lo escuché referirse a su viejo volkswagen) a la maestra de educación física, que lo único bueno que tenía eran sus lentes de marca y unos enormes chamorros/pantorrillas que hubieran podido noquear a cualquier distraído piropeador en movimiento.

Lo único bueno que tenía el zoquete ese es que a veces, muy pocas de verdad, nos metía a concursar por cosas buenas que a un niño de diez años no se le hacen tan buenas; un día se le ocurrió hacer un concurso de inteligencia espontánea y ofrecer como premio un libro guía de matemáticas para ingreso a secundaria. Esa vez me la discutí explicando en qué se parecían las fórmulas y el proceso para sacar el área de un círculo y de un octágono (por ejemplo) de una forma coherente y sencilla… me gané el chingado libro pero al levantarme a recogerlo no dejó pasar la oportunidad de decir en voz alta “apláudanle a su compañerito el cerebrito que por fin sacó un buen chiripazo para hacer algo bien”, y en lugar de aplausos recibí risas y manotazos en la nuca camino de regreso a mi mesabanco.

Crecí con mucho resentimiento a ese maestro chaparro que se peinaba como bola de queso para derretir, pero saliendo de la secundaria me olvidé de él.

—–

Más de doce años después de eso, ya en la universidad, estudiando una ingeniería, salí con mi mochilota y mis delgados tenis a perseguir el camión que ya se iba. No lo alcancé y quedé envuelto en una buena nube de humo negro que me hacía cerrar los ojos.

Regresé al parabús y me senté. Mis audífonos me distraían graciosamente con la música que cargaba en mi viejo discman que en ocasiones me animaba con cumbias. A mi lado se sentó una fina figura oscura. Un pequeñísimo hombre, delgado, con la cara llena de cicatrices de un pasado lleno de acné, una delgada mata de cabello que salía desde la nuca y se enroscaba en las orejas, lentes gruesos y un portafolios con un rótulo de una aseguradora todo raído e incompleto.

De inmediato supe quién era… me levanté y lo miré a los ojos, esperando adivinara en mi dispareja barba, mis desgarbadas vestimentas y mi larga y descuidada cabellera, algún rastro de un niño de 10 años que se quedó esperando una disculpa, pero también algunas palabras de admiración.

Pero no… me miró. Sus ojos eran cavernosos, saltones pero cavernosos, vacíos, membranosos y cansados, tristes…

- Disculpe, no es usted el maestro José Trinidad?- Le dije nervioso

Bajó la mirada e hizo una mueca que yo recordaba, aunque le provocó más arrugas que antes.

- Sip … nos vemos –

Y se levantó pesadamente y caminó por la angosta banqueta, con su pequeña gabardina, abrazando su portafolios hasta que el frío del horizonte lo convirtió en un punto y luego en nada.

Tomé mis audífonos y los coloqué de nuevo sobre mis frías orejas… y en la mente, bailé una cumbia abrazado de un libro blanco con verde que decía “Guía de Matemáticas para ingreso a Secundaria”… gracias a ese concurso pude sufrir menos con los números y eso me cambió la vida… creo que finalmente el que había quedado a deber era yo.

Gracias por el libro profe.


Chale ¬¬

•Octubre 2, 2009 • 1 comentario

Así llegaron a este su blog de confianza…. también han llegaro buscando nutrias.

que-daño

Eunice

•Septiembre 29, 2009 • 2 comentarios

EL INICIO

Sin saber quien era ni a que se dedicaba, me la presentaron. Me la presentó mi novia y yo la saludé de mano, de beso y abrazo. No sabía que las misioneras no tienen permitido mucho contacto físico con nadie, mucho menos con un hombre joven y hormonal, como yo a mis diecinueve años.

Coincidimos los tres con nuestra incontrolable necesidad de religión, en unas pláticas y en la iglesia donde nos daban un curso sobre la biblia.

Esa chaparrita de ojos pequeños y tez fina y suave me tenía loco. La hubiera acompañado al fin del mundo, pero en vez de eso la acompañé a las pláticas del catecismo católico. Así es el noviazgo.

Ahí, la misionera entabló buena amistad con nosotros, aunque buscaba más mi presencia para cantar en misa o para convencer (con mi don de gentes y de palabra) a algunos rudos chicos del barrio, de ir a cooperar con la kermesse de la iglesia, comprando desde gelatinas hasta enchiladas, por la buena causa de la construcción del nuevo templo de “Nuestro Señor del Sagrado Corazón”. Mi guitarra se dividía en cantarle al señor que colgaba crucificado en una pared, y a mi hermosura de novia de tez suave. De ratos me hacía sentir como el hombre más afortunado del mundo, aunque gustaba de celarme con los pequeñines que iban a las pláticas, pero nunca lograba hacerme enojar y más se incrementaba mi fascinación por ella.

PORQUE PASA ESTO?

La misionera nos seguía a todos lados y la verdad a mi ni me molestaba, pero a mi novia se le hacía una exageración tener que andar haciendo ese tipo de cosas religiosas todo el tiempo, así que opté por alejarme un poco y hacer mis cosas religiosas por mi cuenta.

Sin querer, el camino se estaba poniendo escabroso con mi novia, yo era su patán en turno (pues estaba en una etapa en la que andaba con puros patanes) aunque yo no sabía de patanería, pero tampoco sabía como tratar a una mujer ni nada, por eso era todo un patán como el que más. Un día, después de haber salido a caminar de forma tranquila, llegamos a su casa y nos pusimos a platicar. Ella estaba muy intranquila y la verdad yo no sabía hacer otra cosa más que intentar contarle chistes.

Y no… no funcionó, simplemente me dijo que me prendía la “luz amarilla” y que me decía qué es lo que iba a hacer hasta el lunes, su primer día de clases en la facultad de medicina. Estuve todo el pinche fin de semana devanándome los sesos por saber lo que todo eso significaba, pero ya temía sin querer que lo peor venía. Me iba a cortar y yo estaba vuelto loco.

Esa noche, corriendo, llegué al templo donde Eunice todavía estaba, barriendo alguno de los salones en los que daba las pláticas. Había dejado su mochilita sobre una mesa y a un lado en un pequeño estuche su biblia.

Yo me acerqué tranquilo, aunque algo desorientado por la poca luz, y la tomé de un hombro. Ella se volteó espantada casi a punto de gritar y me eché para atrás… pero inmediatamente se tranquilizó al verme. Yo estaba muy preocupado y no sabía si decirle lo que pasaba con mi queridísima novia de tez suave y manos finas pero rudas.

Eunice bajó la escoba y se sentó a mi lado en una de esas sillitas plegables. Tranquilo, todo va a estar bien, vas a ver que pronto descubrirás que las cosas son más sencillas – me dijo para serenarme. Me tomó una mano con las suyas todas gorditas y suaves. Anda Alfre, ve a tu casa y descansa, déjala pensar y verás que todo sale bien, me dijo haciendo una mueca al final de la frase, levantado los ojos cafés que tenía.

Me despedí de un abrazo, para entonces los abrazos ya eran comunes entre nosotros, y me fui caminando a casa más tranquilo.

Pero no… el lunes en la noche, con el pretexto de tener que dedicarle mucha concentrción a su carrera de medicina, me cortó esa señorita, de forma poco tierna y la verdad nada discreta. Regresé a casa a llenar de llanto las almohadas, a lamentarme de mi estúpida suerte y a querer descubrir en dónde estuvo mi error.

LA SORPRESA

Pasaron los años y crecí un poco más. Creo que más bien maduré un chingo, ya había pasado por muchas cosas y sin querer ya no me permitía sufrir tanto por pendejadas.

Un día tocaron a la puerta y abrí. Era Eunice, toda radiante, chaprrita como sólo ella, sin nada en ls manos o colgando de lo shombros, y con unos sencillos y cómodos zapatos de tacón bajo.

La invité a pasar y nos sentamos en la sala. Platicamos de todo, de la foto familiar que teníamos en la sala, de los perritos de mi mamá, de los difíciles ires y venires universitarios, de la muerte y de la vida, del amor. Al llegar a ese tema ell hizo un mueca. Fue entonces cuando noté sus labios, bonitos y carnosos, ahora presumían de un brillo inusual que me gustaba. Levantó la mirada y pude ver sus ojos, enmarcados por sus mejillas morenas, ahora corondos por una nube azul discreta de maquillaje. Me levanté rápidamente y prendí la luz para eliminar un poco la penumbra y entonces ví.

Eunice ahora era toda una señorita, guapa y sencilla, poco maquillada y con muchas de las poses aprendidas de las misiones, pero con un nuevo aire informal.

“Alfre… ya no soy misionera, he dejado los votos y me ahora me preocupo más de mí. Llevaba mucho tiempo lastimada de la espalda por andar tanto tiempo cargando cosas y caminando para todos lados, que la gracia de Dios no me hubiera podido ayudar en nada”

Asentí incrédulamente…

Seguimos platicando sobre los motivos de su abandono a las misiones, pero el tema se fue desviando hacia mis amores pasados, recientes y actuales, los cuales se resumian a una sola palabra “nulos”. Ella pareció sorprenderse pero luego siguió por otro lado.

-Vamos… te llevo a tu casa, o más bien… donde te estás quedando? – En la casa de la señora que me daba alojo hace años – ya se por donde, partimos? – vámonos.

En el camino, avergonzada y discreta, me fué contando sobre sus verdaderos motivos para dejar los votos… yo. Quería ver si el viaje desde el otro lado del país valía la pena para, con la gracia de Dios (viejas costumbres vaya), pudiera yo corresponderle sin tapujos y con alegría. No lo podía creer. De verdad no lo podía creer.

Detuve la pick up donde la llevaba justo frente a la casa del señor. La apagué y suspiré profundamente.

Al mirarla se me aflojó el corazón y no pue más que balbucear una disculpa y puras incoherencias, pero un momento después me armé de valor y lo solté – …mm … me halagas, de verdad, me siento honrado de ser quien haya provocado semejante barbaridad, pero creo que era algo que ya querías hacer con o sin pretexto, por otro lado, no sabría como corresponderte; quisiera, pero no puedo, no está en mi y es difícil cambiar de parecer de la noche a la mañana, sobre lo que se piensa de una persona-

Me quedé callado. Su pelo recogido en una cola de caballo se fundía con el color de su morena piel. Brillante y limpia, se contraía cada vez que pasaba algo de saliba. Sus regordetas manos pasaban por los cotados de las orejas de vez en cuando para luego regresar a su regazo, mientras meditaba su siguiente frase.

LA DESPEDIDA

No la dejé pronunciar palabra. Me bajé de la camioneta y le dí la vuelta para abrirle la puerta.

Al abrirle se me estrujó el corazón, levantó sus ojos de nuevo, contra mí, toda la artillería se concntraba en esa tierna mirada avergonzada y sincera. No podía estas más apenado, pero tampoco podía evitar sentirme afortunado, aunque deudor de una sierva para “el señor”.

Le tomé de una mano para ayudarla a bajar de mi pick up que estaba altísima, pero pisó mal el estribo y se fué directo contra mi frente, simulando un fallido beso torpe que termina en frentazo mútuo y se escucha a varios metros de distancia.

- Aaaaaauuuuchh! – gritamos los dos mientras nos sobábamos la frente. Jejeje me dió mucha risa y entre la risa y el dolor, la abracé. Y se nos olvidó todo… y la noche dejó sonar las cigarras y los grillos, y los coches enmudecieron y solo el viento inquietaba nuestras ropas.

Delicadamente se estiró para tocar sus labios con los míos… así, un pequeño roce, sin más, hasta que recibí de golpe su aliento fresco que me dejó impávido.

Se alejó y me miró de nuevo. Como todas las veces que nos despedíamos, después del abrazo me tendió la mano. Con mis manazas, le estreché su manita regordeta, que luego se convirtió en dos pares de manos estrechándose, que luego se convirtió en un largo abrazo…

- Cuídate y pórtate bien – escuché antes de ver su cabello recogido lanzarse hacia adentro de la casa para después verla puerta cerrarse.

Subí a mi pick up y la encendí. No emprendí el viaje de regreso porque todavía seguía viajando.

No la he vuelto a ver en toda la vida…

Fobias

•Septiembre 26, 2009 • Dejar un comentario

En la casa de mis abuelos paternos siempre hubo macetas que alojaban helechos enormes, y las pinches macetas me sacaban un pedo porque tenían pintados dragones chinos, de esos bigotones y de ojos como de asesino. Era un pinche suplicio salir del cuarto en la noche, pues el pasillo hacia la cocina se sumía en una profunda oscuridad aderezada con los ruidos de animales del campo y uno que otro pinche burro imprudente rebuznando en la lejanía del barranco que rebotaba sus sonidos por todo el cauce del río enmarcado entre cerros.

Como niño pequeño, pues no alcanzaba a prender la luz hasta que llegara a la cocina, mi imaginación volaba haciendo salir de sus macetas a esos pinches dragones ojones pa que me mordieran los tobillos o las nalgas, así que pasaba corriendo a toda velocidad con mis pies descalzos hasta la cocina y tardaba unos segundos en encontrar el apagador antes de que empezara yo a resoplar de miedo y una mano peluda me tomara de la cara y me llevara hasta el infinito oscuro y malosote, o al menos eso creía yo.

Tambien tenía miedo de buscar cualquier cosa debajo de la cama, a tal grado que nunca barría ahí y después de un tiempo me obligaron a hacerlo, saqué tanta basura y pelusas que  luego descubrí que por el asma que tenía, valía la pena dejarme de pendejadas y barrer abajo de mi cama.

Cuando era adolescente mis miedos eran un poco más pendejos (si se puede decir eso), así que me devanaba los sesos pensando que algúna vez me iba a ir a la escuela como sucedía en mis pesadillas: en calzones, sin pantalones, en chancletas, pero eso sí con el sueter, la corbata y la mochila.

Estaba cabrón, porque seguido me pasaba que soñaba que ya me despertaba y desayunaba y todo el pedo y me iba a la escuela, y entonces, hasta que estábamos en el acto cívico donde se canta el himno nacional  y se hacen honores a la bandera, me daba cuenta que traía puestos mis chones azulitos y calcetines, y nada más… uu que miedo me daba me cai de madres.

También llegué a tener miedo a llegar tarde y que me pusieran a la mitad de la escuela y me escupieran todos desde el segundo piso… pero ese namás era un temor infundado por otra pesadilla sobre escupitajos, pero con el tiempo se me fue desvaneciendo cuando descubrí que mis intereses (y mis hormonas) cambiaban conforme avanzaba el año escolar.

Ya en la prepa solo tenía miedo a pasar por afuera de la casa de la señora que estaba loquita y que me gritaba y a veces me aventaba lo que fuera que estuviera comiendo en ese momento. Varios días, por andar distraído pensando babosadas llego a aventarme desde duraznos en almibar hasta pay o incluso empanada de atún. Lo peor era cuando la pescaba comiendo avena, de la que sin empacho y sin dudar me lanzaba una o dos cucharadas no sin acompañarlo con un regaño de esos de “que no les digo que no me estén pisando los rosales!!” cuando ya la pobre solo se sentaba en el marco de la puerta que daba a una selva de concreto hirviendo sin más.

También me dio miedo terminar mi ancianidad coom esa viejecilla que desperdiciaba delicias culinarias en lanzarlas hacia un adolescente nervioso que pasaba de vez en cuando frente a su casa.

Ya más viejo, seme ocurrió empezar a tenerle miedo al fracaso… pero varios golpes de la vida después, descubrí que la verdad el miedo al fracaso es una mamada.

Algunos años después se empezaron a estrellar aviones contra los edificios, se caian los helicópteros, se peleaban los políticos a golpes frente a las cámaras, los ciudadanos se manifestaban y os policís iban y los golpeaban; luego la gente empezó a sentir miedo de sí misma, luego cualquiera puede ser un terrorista potencial, luego vinieron las pandemias artificialmente infladas por los medios de comunicación, y entonces la gente tuvo más miedo de sí misma, se alejaban unos de otros y evitaban saludarse de beso y no tenían empacho en pagar una pequeña fortuna por una vacuna inútil que solo servía para tener el brazo picoteado toda una tarde; luego vino un pinche gordo mórbidamente obeso a decirnos que los nuevos impuestos que nos iban a imponer no serían más que un pequeño piquetito a la economía familiar, pero la gasolina se puso bien pinche cara y la calidad de vida de la gente bajó; y ahora todo mundo anda alterado y nervioso; negocios quebraron, a nadie le alcanza el dinero para lo mismo de hace 10 o 20 o 30 años y resulta que todos tenemos la culpa porque hace mucho calor y nadie deja de usar su coche o de prender la televisión para recibir su codiciada lobotomía a domicilio en pantalla plana.

… y entonces recordé los días en que sólo tenía miedo a la oscuridad, algo san sencillo que se curaba prendiendo la luz… algo tan idiota que suena hasta absurdo si se compara con la preocupación por pagar el nuevo impuesto agregado a todos los bienes y servicios y…

Que mamada…

Oído en el gym

•Septiembre 3, 2009 • 1 comentario

Doncha – … oiga disculpe usted.

Entrenador mamey: si dígame jovenazo?

D – como le hago para bajar la barriga cervecera que me cargo?

EM- Pues mira compadre… está medio cabrón (voltea y me ve la panza) pero te voy a decir. Primero vas y le das cuatro vueltas corriendo al estadio, no cenes y deja de tomar cerveza compadrito,  como la ves?

D – oiga pero yo ni ceno ni tomo…!

EM – pos entonces estás jodido compadre…

¬¬  pinches entrenadores luego luego le bajan a uno la autoestima…

¬¬ oh chale

•Septiembre 3, 2009 • Dejar un comentario

Es lo que me da más tirria sobre el internet. ¬¬

mermaid

Mueve montañas…

•Agosto 30, 2009 • Dejar un comentario

Otra vez, despertado por los constantes cánticos religiosos de los vecinos desmadrosos (vivo justo a un lado de un templo cristiano, escuela y canchas de soccer, todo en uno), es que me pongo a pensar qué chignados es la fe.

No la fe esa que dicen que “creer en diox aunque no tenga religión”, porque pos eso como quiera. Pero me refiero a las manifestaciones de los individuos para dar “fe” de la magnitud de su fe. Me explico.

Un amigo (que en paz descanse) era compadre de mi papá (que en paz descanse). Mi amigo, Aurelio se llamaba, dividía su vida entre el trabajo, la familia y la iglesia. Daba cursos de alfabetización, iba y arreglaba la iglesia para algún evento, les armaba la instalación eléctrica para la kermesse, tomaba cursos sobre la biblia algunas noches a la semana, a pesar de su exigente trabajo de jefe se soporte y distribución de una empresa de computadoras de bajo costo. Por otro lado, iba y venía todos los días para estar con sus hijos, aunque era de la filosofía de “los hijos que diox nos de” porque así lo dice la iglesia, por lo que a los tres años de casado ya tenía dos niños y una niña. Era todo un soldado de la fe, su mujer lo seguía (a veces más a huevo que de ganas) a todos lados, cargando con pañaleras y biberones y niñitos juguetones y para nada llorones.

Eso sí me admiraba, tener tanta energía para hacer todo eso, y aún así educar a sus hijos de modo que fueran autosuficientes (digo, a un nivel prudente) y si se caían o golpeaban levemente, se ayudaran entre ellos mismos o simplemente se levantaran a sacudirse sus pantaloncitos y seguir jugando. Me encantaba ir a su casa a molestar sobre computadoras y de paso recibir una invitación a comer tacos de huevo con chorizo.

Aurelio murió de una enfermedad horrible y rápida: Leucemia. No creo que no haya tenido defectos en su personalidad, pero de verdad era toda una persona ejemplar que no dejaba dudas de la intensidad con que vivía. Su fe, a pesar de ser muy religioso y asistir todos los domingos a la iglesia, los martes y jueves a las pláticas y ayudar con lo que se pueda, era por demás pura, a mi modo de ver, pues también se preocupaba por enseñarle cosas útiles a sus hijos, ayudarle a su esposa en lo que pudiera, y ponerle empeño a mejorar su trabajo, a pesar de tener muy pocos estudios.

Nunca lo vi haciendo una “manda” o “penitencia” por favores recibidos por algún santo o chingaderas de esas. Nunca.

Y aquí viene mi duda. Mucha gente promete pendejadas como “si me ayudas en esa dioxito, te juro que me voy de rodillas a visitar a la Virgencita de Guadalupe”, o mamadas como “si me cumples esta te prometo que te iré a poner una vela diaria durante un año, pase lo que pase”, “si lo curas me voy caminando desde tal lugar hasta tal lugar a visitar el cristo fulano”.

Pero yo me pregunto ¿De verdad les sirve de algo irse de rodillas hasta el templo a ver a la virgencita? Porque no mames, alcancé a ver a mi abuela irse de rodillas desde la casa hasta el templo, que está como a trescientos metros, y la neta las rodillas de una anciana de setenta y tantos años no acaba muy bien de sus rodillas después de tal esfuerzo.

Mi papá prometió llevarle flores a la virgen y caminar de rodillas hasta el templo que le dedican (en la ciudad de México) si lo curaba de la espalda aquella vez que estuvo a punto de quedarse parapléjico y tuvo que aprender a hacer todo de nuevo, caminar, sentarse, etc. Se que el que lo curó realmente fue el traumatólogo que lo atendió, el infectólogo que lo ayudó, el internista que los asistió y la enfermera que les llevo un juguito y un pan a media cirugía. Tambien se que con la ayuda de diox la mano del doctor no tembló y la anestesia no hizo estragos y la rara infección en la espalda no se propagó hacia otros organos, pero creo que le restan mucho mérito al esfuerzo de los doctores, que sus años de chingarse han tenido, como para decir que fue una obra de diox. Se que diox tiene mucho que ver, pero para alguien que justo se acaba de recuperar de una cirugía mayor en la espalda, irse de rodillas a ver a la virgen de Guadalupe se me hace una mamada.

Por otro lado, están los que no pueden imaginarse otra cosa por hacer más que, en sentido figurado, darse latigazos en la espalda para agradecer los favores recibidos. Creo que todo este rollo es todavía más morboso de escribir, porque hay tipos que realmente lo hacen; se latiguean con cuerdas gruesas con clavos amarrados en la punta. Y lo hacen para demostrar su fe.

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Bien podrían enseñar a alguien a leer, ayudar a un albergue de perritos sin hogar, colectar las monedas de baja denominación que hay tiradas por la casa y donarlas (envueltas en un billete de alta denominación) a una casa horas para niños huérfanos, escuchar a los ex drogadictos que te venden burritos o cualquier cosa con tal de no caer en el vicio otra vez, aprender a tocar un instrumento, leer un libro y hacerle una reseña realista, salir a caminar y crear lazos familiares más fuertes con tus hijos, primos, padres, limpiar la casa y donar los juguetes viejos que aún sirvan, inventar un modo para reciclar las cajas de cartón o las bolsas de plástico que se están acumulando debajo de las escaleras, no se… hacer algo útil para la comunidad.

Si he sido bendecido con la fortuna de seguir vivo y haberme curado de mi enfermedad, creo que lo que diox menos quiere es que me vaya de rodillas a la iglesia todos los días a las 5 de la mañana cuando todavía hace frío. ¿No se puede uno permitir disfrutar de lo que hemos recibido sin preocuparnos por regresarle a diox algo a cambio? ¿Qué no se supone que diox, en su calidad de ser supremo, hace o permite las cosas simplemente porque se le da en gana?

Se me hace curioso como muchos dicen”si diox quiere” cuando platican sus planes. Si se te hace, dices el consabido “gracias a diox” (si es que te acuerdas) pero si no se te hace, muchos se hacen pendejos y ya ni dicen nada, otros más dicen algo así como “es la voluntad de diox”, pero si no era la voluntad de diox desde un principio, entonces ¿Cual es el problema?

Si las cosas que no se nos cumplen son voluntad de diox, ¿Será que esos fines de semana que no estudiaste para el examen o preparaste tu coche para un viaje no significan nada y no influyen en la decisión de diox sobre si ayudarte a pasar o no el examen?

A mi modo de ver las cosas, cada quien tiene las cosas por las que se a esforzado por obtener, y si tiene alguna forma de agradecer, podría ser dando algo a la comunidad, a tu familia, a tus amigos, a los que pueden aprender algo de tí. Puedes llegar a sentirte útil de muchas formas, incluso sacar más provecho de tu ventajosa situación por la que te sientes agradecido.

La mamá de algún asesino no tendría cara para pedir favores religiosos para su hijo, pero aún así hasta puede llegar a rezar para que le concedan el favor de “no ver a su hijo en la carcel”, que es incluso más deshonroso que saber que su hijo es asesino. Si, ese es el tema de uno de mis próximos post. Pero bueno, volvamos al punto.

Las iglesias enseñan algo a sus discípulos, lo hacen de forma guiada a través del sermón, prácticas comunales y estudios múltiples de la biblia, en sus muchas interpetaciones. Las iglesias no pagan impuestos y a veces no pagan servicios, o los pagan con descuento. Los mismos feligreses aportan de su dinero y muchas veces de su esfuerzo laboral, para levantar un templo, que muchas veces sirve como foro para prácticas menos complejas como clases de regularización para niños de primaria, clases de catecismo, venta de comidas y hasta juegos mecánicos ( lo que sea con tal de recaudar dinero para la iglesia ), bueno, aunque sea solo por la venta de comida. Yo mismo estuve en un coro de iglesia, tocando la guitarra y cantando. Todos los fines de semana estaba ahi con mis amigos del barrio, esperando la hora para cantar en la misa.

Pero al final nunca recibí nada a cambio. Y no me refiero a la limpieza de conciencia, ni a la falta de culpa, ni a la definición de mi identidad religiosa, vaya, ni siquiera una charla serena, inteligente e interesante con algún cura, padre o religioso.

Y me tocó ver a muchas señoras que lo único que tienen por hacer, después de su jubilación o enviudez, es ir a la iglesia y darle todo lo que tiene: los pocos años que le quedan de vida, el poco dinero que le llega. Acá en el norte de México está bien cabrona una campaña de la iglesia católica (con carteles en parabúses iluminados y varios espectaculares) donde dice que diox es la salvación, y que el diezmo es su ofrenda.

¿Neta neta se la creen así de obvia? ¿No se supone que el diezmo es ya casi casi hasta ilegal? En la iglesia donde yo iba a cantar llegana un cura en un coche del año, la versión equipada de ese coche que no cuesta menos de 200 mil pesos (unos 16 mil dólares), y era de él. De donde sacaba dinero para ese tipo de lujos (porque tenía varios  lujos) no lo se, pero no creo que las misioneras que le ayudaban hubieran podido siquiera tener para comprarse una bicicleta.

Se que la gente siente bonito estar en su iglesia, y cantar y alabar a diox como ellos saben. Pero la neta cosas molestas como conciertos que duran horas y horas desde la mañana (como acá a un lado todos los viernes, sabados y domingos desde las 8 de la mañana), individuos castigándose a sí mismos para agradecer los beneficios recibidos, viejitas sin saber que hacer con su vida más que estar en la iglesia porque eso fue lo único que se preocuparon sus padres en enseñarle, padres presionados por cumplir con sus deberes religiosos mientras sus hijos los esperan impacientes en casa para contarles su día en el kinder, familias bien pinche numerosas porque “son los hijos que diox les da” pero la iglesia no les ayuda a mantenerlos en la escuela o bien comidos, drogadictos recién rehabilitados que piensan que esa fue su única opción y que el poder de diox es el único que los podrá salvar, sin saber que su voluntad para darse cuenta que necesitaban ayuda fue lo único que les ayudó a salir del pozo, fiestas nacionales perdidas o evitadas porque “es adorar a una imagen pagana”, cuando lo que importa en esos días es estar en familia y descansar.

Aquí un cartón del Monero Hernández

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¿De verdad está muy cabrón darse cuenta? ¿De verdad tienes que sufrir física, psicológicamente y socialmente por tener tal o cual religión? ¿De verdad tengo que sufrir el ser un inadaptado porque no tengo religión y hablo con diox a mi manera?

Chale…